Los creyentes y las creyentes son amigos [protectores] unos de otros, ordenan el bien y prohíben el mal, cumplen con la oración, pagan el zakat y obedecen a Dios y a Su Mensajero. De éstos tendrá pronto Dios misericordia. Dios es sin duda Poderosísimo, Sapientísimo. (Sagrado Corán 9:71)

Los hipócritas y las hipócritas provienen unos de otros. Ordenan el mal y vedan el bien.(Sagrado Corán 9:67)

LA LEY DE ATRACCIÓN Y REPULSIÓN

La ley de «atracción y repulsión» es un principio que tiene influjo sobre todo el orden de la creación. Desde el punto de vista del conocimiento científico que hoy se posee, el hombre está completamente seguro de que ni un solo átomo de la creación está fuera del dominio de una atracción general, y que nada puede escapar a ella. Desde los cuerpos y masas más voluminosas hasta el más pequeño de sus átomos, todo posee esta enigmática fuerza llamada fuerza de atracción[1] y todo es, de alguna forma, influenciada por ella.

El hombre antiguo no descubrió esta ley de atracción universal, pero sí descubrió la atracción que ejercen algunos cuerpos, y reconoció algunas cosas como símbolos de esta fuerza, tal el caso del imán y el ámbar (atracción magnética). A pesar de eso, no supo de la relación entre la atracción de estas cosas y todas las demás, ya que sólo se fijaban en una particular atracción: la del imán por el hierro y el ámbar por la paja.

Cada uno de los átomos que existe en la tierra y el cielo

Es, por su propia clase, como la paja y el ámbar[2].

Aparte de esto, en el mundo antiguo no se habló sobre la fuerza de atracción entre otros cuerpos inanimados. Solamente sobre la tierra se preguntaban por qué estaba fija en el medio del cielo. Se creía que la tierra estaba suspendida en el medio del espacio y que era atraída desde todos lados, y debido precisamente a esta atracción multilateral era que naturalmente permanecía en el medio sin inclinarse hacia ningún punto. Algunos creían que los cielos no atraían a la tierra, sino que la repelían y que, dado que la fuerza que incidía sobre ella era la misma desde todos los ángulos, se mantenía fija en una posición no cambiando jamás de lugar.

Existía también una creencia general en la facultad de atracción y repulsión en el caso de plantas y animales, en el sentido de que se reconocía la existencia en ellos de tres facultades básicas: la nutritiva, la de crecimiento y la de reproducción. En cuanto a la facultad nutricional creían que tenía otras facultades subsidiarias: la atractiva, la repulsiva, la digestiva y la retentiva. Se decía que había en el estómago una fuerza de atracción que impelía hacia sí a los alimentos, y que, ocasionalmente, si no aceptaba la comida, los repelía[3]. De manera similar se decía que había un poder de atracción en el hígado que atraía hacía sí el agua.

El estómago conduce al pan al lugar de su reposo,

El calor del hígado atrae al agua[4].

ATRACCIÓN Y REPULSIÓN EN EL MUNDO DEL HOMBRE

El significado que tiene aquí la atracción y la repulsión no son las que se refieren al sexo (aunque éste también es una clase particular de atracción y repulsión), porque no tiene nada que ver con el tema de nuestra discusión y es una cuestión que debe ser analizada independientemente. El significado que queremos darle aquí es el de la atracción y repulsión que se ejerce entre los individuos en la arena de la vida social.

En la sociedad humana hay algunas formas de cooperación que se basan en el reparto de beneficios, pero éstas tampoco, desde luego, entrarán dentro del ámbito de nuestra discusión.

La mayor proporción de amistades y afectos, o enemistades y odios es manifestación de la atracción y repulsión humana. Estas atracciones y repulsiones se apoyan en cuestiones generales de semejanza y similitud entre las personas, o bien de oposición y mutua aversión[5]. De hecho, la causa básica de la atracción y repulsión debe ser buscada en la semejanza o contradicción (tadadd) general, y esto coincide con el resultado de las discusiones metafísicas en las que se ha probado que la semejanza general es causa de unión.

Algunas veces dos seres humanos se sienten mutuamente atraídos y sus corazones anhelan hacerse amigos y compañeros. Hay un secreto en esto, y el secreto no es otro que la semejanza. A menos que exista una similitud entre estas dos personas no se atraerían mutuamente ni se convertirían en amigos. En términos generales la intimidad y cercanía entre ellos evidencia que comparten cierto tipo de similitud y semejanza.

En el segundo libro del Maznawi de Rumi[6] hay una hermosa historia que ilustra esto. Un sabio vio a un cuervo que se había unido afectuosamente a una cigüeña. Volaban y andaban juntos todo el tiempo. Dos pájaros de diferentes especies, más aún: el cuervo no se parece en nada a una cigüeña, ni en la forma ni en el color. El sabio estaba maravillado de que anduvieran juntos. Se acercó entonces para examinarlos mejor y descubrió que ambos tenían una sola pierna.

«El sabio dijo: vi el compañerismo

entre un cuervo y una cigüeña.

Sorprendido como estaba, examiné su condición,

para ver qué signo en común podía encontrar.

Así entonces me acerqué, y ¡maravilla!

Vi que ambos eran cojos».

Esta cojera en común llevó al compañerismo a dos individuos de especies animales muy diferentes entre sí. Del mismo modo los seres humanos jamás se vuelven amigos y compañeras sin alguna razón, así como nunca se convierten en enemigos sin una causa.

Según algunos la raíz de estas atracciones y repulsiones es la necesidad y su satisfacción. Sostienen que el hombre es una criatura con necesidades y que fue creada esencialmente para sufrir de necesidad. Por eso es que se esfuerza con implacable actividad para llenar su vacío y proveer a sus necesidades; pero ello le es imposible si no se une a un aliado y corta sus vínculos con la sociedad, de manera que pueda obtener ventajas de su aliado y de esta forma protegerse de la acción perjudicial de otros grupos humanos. Y no encontraremos —afirman quienes sostienen esta posición— ninguna inclinación o aversión en el hombre que no surja de este instinto de sacar ventaja.

Según esta teoría las experiencias de la vida y su particular y esencial estructura es lo que lleva al hombre a ser atraído o repulsado, de modo que él se entusiasma con lo que reconoce que es bueno en la vida, y en cambio se aparta de aquello que no se ajusta a sus objetivos. Además no se preocupa cuando se enfrenta a algo que no entra en estas dos categorías: que no lo beneficia ni lo perjudica. De hecho la atracción y la repulsión son dos pilares fundamentales de la vida del hombre, y en cualquier medida que ellos son menoscabados el desorden reemplaza al orden en la vida. Al final, aquél que tiene el poder de llenar los vacíos, atrae a otros hacia sí, y aquél que no sólo no llena esos vacíos sino que agrega más vacío repulsa a la gente de sí, y lo mismo con aquellos que nada hacen (ni quitan ni agregan).

DIFERENCIA ENTRE LA GENTE RESPECTO DE LA ATRACCIÓN Y REPULSIÓN

En términos de atracción y repulsión respecto de otros individuos, no toda la gente es igual y puede ser dividida en varias clases:

1. Individuos que no atraen y no repulsan:Nadie gusta de ellos ni se enemista con ellos. No incitan el amor o el afecto de nadie, ni tampoco hostilidad, envidia u odio. Circulan entre la gente provocando indiferencia, igual que si un pedazo de roca estuviera entre ellos.

Tal criatura no es nada, no produce efecto. Es una persona en la cual no existe nada positivo, ni en términos de bien ni en términos de mal (significando aquí lo «positivo» no algo sólo adscripto al bien, sino también al mal, es decir una actividad efectiva). Es como un animal: come, duerme y camina entre los hombres (sin ser de ellos). O como una oveja que no tiene amigos ni enemigos, y que si se la busca es porque hay que darle su agua y su heno, ya que su carne será luego consumida. No genera ningún movimiento de aprobación o de desaprobación.

Tales personas forman un grupo de criaturas sin valor, seres humanos vacíos e insulsos; porque el hombre necesita amar y ser amado, y podríamos decir que también necesita odiar y ser odiado.

2. Personas que atraen y no repulsan:Son los que están bien con todos, guardan relaciones cordiales con todo el mundo. Tienen admiradores entre toda clase de persona. En vida todos los aprecian y nadie los repudia, y cuando mueren, los musulmanes los lavan con agua de la fuente de Zamzam y los entierran, mientras que los hindúes los creman.

«Acostúmbrate así al bien y al mal (sin distinción)

Y he aquí que después de tu muerte

Los musulmanes te lavaran con agua de Zamzam,

Y los hindúes te cremarán»[7].

Según el consejo de este poeta, en una sociedad donde la mitad de la población es musulmana y respeta el cadáver del muerto dándole un baño ritual antes del entierro (puede ser que con agua de Zamzam, en señal de gran respeto por el difunto), y la otra mitad es hindú, quienes creman los cuerpos de sus muertos y esparcen las cenizas al viento, uno debe vivir de tal manera que los musulmanes lo acepten como uno de los suyos y quieran lavarlo al morir con agua de Zamzam, y los hindúes también lo acepten como uno de los suyos y quieran cremarlo luego de fallecido.

Se piensa a menudo que la perfección del carácter, la mejor disposición en las relaciones sociales; o, en términos actuales, el «ser sociable», consiste precisamente en esto: hacerse amigo de todos. Sin embargo esto no es factible para un hombre que tiene un objetivo, que sigue un camino, que, entre los hombres, sigue una determinada doctrina y un ideal no prestando atención a su propio beneficio. Un hombre así, guste o no, tiene una sola cara; es decidido, explícito y en su comportamiento, a menos desde luego que se trate de un hipócrita que tiene dos caras. Porque no todos los hombres piensan de la misma forma, o sienten igual, ni las preferencias de todos son del mismo tipo. Entre los hombres hay justos e injustos, buenos y malos. Una sociedad tiene miembros equitativos y miembros despóticos, hay justos e inicuos. Y toda esta gente no puede amar a una misma persona, a un único ser humano que persiga seriamente un objetivo colisionando por ello con algunos de sus intereses. El único que puede conseguir atraerse la amistad de todos, con sus diferentes tipos e ideales, es alguien que disimula y miente, diciendo y mostrando a cada persona aquello que le agrada y halaga. Pero si una persona es sincera y sigue un camino, automáticamente habrá un grupo que hará amistad con él y, de manera similar, otro grupo se enemistará. Cualquier grupo que siga el mismo camino, que tenga el mismo ideal, será atraído por él, y cualquier grupo que siga un camino divergente lo excluirá y perseguirá.

Algunos cristianos, que se presentan a sí mismos y a su religión como mensajeros de paz, creen que el hombre perfecto no debe poseer más que amor, y en consecuencia sólo ejercerá poder de atracción, y quizás algunos hindúes piensen también lo mismo.

Una de las cosas que es muy impactante en la filosofía hindú y cristiana es precisamente la cuestión del amor. Dicen que uno debe cultivar el amor y afecto universal por todas las cosas haciéndolo manifiesto, y entonces incluso los inicuos nos amarán, porque habrán visto nuestro amor[8].

Pero estos señores deben comprender que no es suficiente con ser meramente un hombre de amor, uno debe ser también un hombre con un camino que seguir, como dijo Gandhi: «Esta es mi religión». El amor debe coincidir con la verdad, y si coincide con la verdad sigue al menos un cierto camino, y si lo hace crea enemigos, queramos o no. Y ahí estará, de hecho, el poder de repulsión que incita a un grupo a luchar y excluir al otro.

El Islam es también la ley del amor. El Sagrado Corán presenta al Profeta (BPD) como una «misericordia para todos los seres»:

«Y no te hemos enviado (Oh Profeta) sino como una misericordia para todos los seres»(21:107).

Esto significa: «Tú (Profeta) debes ser una misericordia aún para el más peligroso enemigo, y debes amarlo»[9].

Sin embargo el amor que el Corán ordena no significa que debamos actuar hacia cada uno en conformidad con lo que le gusta y halaga, procediendo con él de manera que se sienta feliz y necesariamente atraído hacia nosotros. Amor no significa que dejemos a cada uno seguir sus inclinaciones, o todavía más, que debamos aprobar sus inclinaciones. Eso no es amor, es hipocresía y duplicidad de conducta.

Amor es aquello que coincide con la verdad y realidad, y que provoca que uno alcance el bien; y algunas veces aquellas cosas que nos conducen al bien toman una forma que no atrae el amor y el afecto de otras personas. Cuántos individuos hay que aman a alguien por su forma de ser y que, cuando observan que este amor va contra sus propias inclinaciones, convierten su aprecio en hostilidad. Contrariamente, el amor racional e inteligente es aquel en el cual reside el bien y el interés de todo el género humano, no el bien de un individuo o de un grupo especial. Hay muchas cosas que pueden hacerse para traer el «bien» a algunos individuos mostrándoles afecto, y son precisamente las mismas cosas que perjudican y conducen al mal a la sociedad en su conjunto.

Podemos encontrar muchos grandes reformadores en la historia que se esforzaron por mejorar la situación de la sociedad y disminuir sus sufrimientos, que sin embargo, a cambio, no recibieron más reconocimiento que la animosidad y la persecución de parte de la gente. Por lo tanto el caso no es siempre que el amor atrae; de hecho algunas veces el amor se manifiesta a sí mismo como una gran repulsión que coloca a toda la sociedad contra un hombre.

‘Abdu Rahmán ibn Mulÿam[10] fue uno de los más recalcitrantes enemigos de ‘Alí (P), y él conocía bien que se trataba de un muy peligroso oponente. Hubo, incluso, algunas personas que le advirtieron que era un hombre muy peligroso y que debía apartarse de él. Pero ‘Alí contestó: «¿Debo castigar antes del crimen? Si él es mi asesino, no puedo matar a mi asesino: el me asesinará, no yo a él». Y sobre esta persona dijo también ‘Alí: «Yo quiero que viva y él quiere matarme»[11], es decir: «Tengo afecto y quiero el bien para él, pero es mi enemigo y tiene malévolos designios en mi contra».

En segundo lugar, el amor no es la única medicina para el género humano; la severidad y la dureza son también necesarias para ciertos gustos y temperamentos, y el conflicto, la repulsa y la expulsión son también necesarios. El Islam es por igual la religión de la atracción y el amor, y de la repulsa y la retribución (niqmah)[12].

3. Gente que repulsa pero no atrae:Son los que generan enemigos pero no hacen amigos. Se trata también de seres deficientes y muestran con esto que carecen de cualidades humanas positivas, porque si participaran de alguna tendrían un grupo, aunque fuera escaso en número, y tal grupo tendría sus sostenedores y sus detractores. Porque siempre hay gente buena, no importa lo pequeño que sea su número. Aún cuando todos los hombres fueran despreciables e injustos, su hostilidad sería una prueba de la verdad y la justicia (de quien a todos los repulsa), pero nunca se da el caso de que todos los hombres sean malos, y tampoco la inversa, que todos sean buenos. En suma que el mal en alguien que se enemista con todos debe encontrarse en sí mismo, porque de lo contrario ¿cómo es posible que tenga algo bueno en su interior y no tenga amigos? No hay facetas positivas en la personalidad de estos individuos; inclusive en su faceta vil son ásperos y desagradables, siendo agrios con todos y cada uno. No hay nada en ellos que sea dulce, ni siguiera un poco.

Dijo ‘Alí (P): «La más impotente de las personas es aquella que es incapaz de conseguir amigos, pero más impotente que ésta es aquella que pierde sus amigos y permanece solo»[13].

4. Gente que tanto … (ver continuacion en archivo pdf)

[1]Es decir la fuerza gravitatoria, que está presente donde hay materia. Todo el universo está sumergido en esta fuerza gravitatoria que aumenta con la masa y cuyo verdadero origen y naturaleza la ciencia aún no ha descubierto. [N. del T. al Español]

[2]Maznawi, de Yalaluddín Rumi, libro 6. [El ámbar se electriza fácilmente frotándolo, y así atrae pequeños trozos de paja, lana u otros materiales. N. del T. al Español]

[3]Actualmente sin embargo, la estructura del cuerpo es pensada como la de una máquina, y la acción excretora es comparada a la de una bomba.

[4]Rumi, op. cit., ibíd.

[5]Esto es opuesto a lo que ocurre con los campos electromagnéticos, donde dos polos iguales se repelen mientras que los contrarios se atraen.

[6]Yalaluddín Rumi es una de las cimas de la espiritualidad islámica, que nació en Balj (Jorasán) a principios del siglo XII d.C. y vivió principalmente en Konia (Anatolia – Turquía). Su obra se encuentra fundamentalmente en lengua persa, y se destaca sobre todo el Maznawi, un largo poema que es como una exégesis espiritual del Sagrado Corán y las enseñanzas islámicas, así como el Diwán (poemario) dedicado a su maestro Shams-e Tabriz, que cambiara su vida. Por su sabiduría es muy venerado y citado por los religiosos e intelectuales iraníes, lo cual podrá apreciarse a lo largo de esta obra. Se lo denomina a menudo como maulána (nuestro maestro). (Nota del Traductor al Español)

[7]Esto verso es de Urfi (963/1555 d.C. a 999/1590), un poeta iraní que viajó a la India y visitó la corte del emperador Akbar. [Akbar se caracterizó durante su reinado por sentar las bases en la India de un sincretismo religioso entre hinduismo, islam y budismo. Pero este sincretismo, que pretende quedar bien con todos, no acerca a la verdad. De aquí la sutil referencia del poeta, que incita a «quedar bien con todos». (N. del T. al Español)]

[8]Una lectura objetiva de los evangelios no permite, en absoluto, suponer que Jesús (P) predicó una tal actitud de amor indiscriminado. Jesús criticó duramente a los fariseos y rabinos hipócritas y les dice «Coláis el mosquito y dejáis pasar el camello», en alusión a que se ocupan de nimiedades de la ley y no prestan atención a sus malignas acciones hipócritas. También Jesús (P) procedió con severidad y violencia con los mercaderes que profanaban con sus mercancías el ámbito sagrado del Templo de Jerusalén, volcó las mesas de los cambistas y los echó. No obstante ello Jesús (P) y todos los Profetas (P) sienten un amor profundo y tienen misericordia de la humanidad y su ignorancia, en una medida que no llegamos a apreciar y comprender, y su enojo y severidad (que es como el Enojo y el Castigo divinos) está dirigido a beneficiar al género humano, a purificarlo y elevarlo. Es un error suponer que ese amor debe manifestarse como complacencia con el error, la injusticia y la corrupción. (Nota del Traductor al Español)

[9]Esto muestra, más aún, que él amaba a todas las cosas, incluso los animales y los seres inanimados. Esto podemos verlo en la historia de su vida, y en especial en el hecho de que todas las cosas que él usaba tenía nombres especiales. Sus caballos, sus espadas y sus turbantes, todos tenían nombres especiales, y la única razón para esto es que todos los seres eran objeto de su amor y afecto. Es como si él considerara que todas las cosas tienen una individualidad. La historia no registra otro ser humano con este rasgo aparte de él, y esto evidencia que fue el paradigma del amor humano. Cuando pasaba por la montaña de Uhud, la miraba con amabilidad y con ojos radiantes decía: «Es una montaña que nos ama y la amamos». Era un hombre cuyo amor compartían las montañas y las piedras.

[10]Ibn Mulÿam fue un jariyita fanático que martirizó a ‘Alí (P) golpeándolo con una espada envenenada en la cabeza mientras éste estaba prosternado orando en la mezquita. ‘Alí (P), que quedó consciente y sobrevivió algunos días, prohibió antes de morir a sus hijos y parientes (era el Califa del Islam en ese momento) que se tomaran represalias contra otros que no fuera Ibn Mulÿam, responsable material del crimen, e incluso recomendó indulgencia con él. (N. del T. al Español)

[11]Tradición tomada de Bihár Al-Anuár, vol. 42, págs. 193-194.

[12]Quizás debamos decir que las retribuciones son también manifestación de sentimientos de afecto y amor. En las súplicas (du’á) leemos: «Tú (Señor) Cuya Misericordia precede a Su Ira», es decir: porque Tú quieres ser Misericordioso eres castigador; de lo contrario si esa misericordia y amor no existieran no habría ira. Es como el caso del padre que se encoleriza con el hijo porque lo ama y está preocupado por su futuro. Si su hijo no le hace caso se enoja, y puede a veces golpearlo, pero no obstante si ve un comportamiento erróneo de parte de otros niños, no importa cuán malo sea, no se siente movido por ello. En el caso de su propio hijo se encoleriza porque lo quiere y desea lo mejor para él, mientras que en el caso de los demás niños no se enoja porque no les tiene afecto.

Por otra parte, los afectos a veces engañan. Es decir: hay sentimientos que el intelecto no puede realmente comprender, como dice el Sagrado Corán: «Que no os afecte la compasión hacia ambos (los fornicadores que deben ser castigados) en el cumplimiento de la religión de Dios» (24:2). Y la razón de esto es que el Islam, que se muestra preocupado y afectuoso con los individuos, lo es más con la sociedad en su conjunto [que es corrompida por la difusión de este vicio si no se lo castiga].

El mayor pecado es aquel que parece sin importancia a los ojos del hombre. Como dijo Amír Al-Mu’minín: «La más grave de las faltas es aquella que su poseedor considera pequeña e insignificante» (Nahÿu-l-Balaga, dicho 340). La diseminación de una falta es algo que oculta su seriedad e importancia a los ojos de la gente y hace que no parezca nada a los ojos del individuo.