TODOS TENEMOS UN PROPÓSITO EN LA VIDA… UN DON SINGULAR O UN TALENTO ESPECIAL QUE PODEMOS DAR A LOS DEMÁS. Y CUANDO COMBINAMOS ESTE TALENTO SINGULAR CON EL SERVICIO A LOS DEMÁS CONOCEMOS EL ÉXTASIS Y LA EXALTACIÓN DE NUESTRO PROPIO ESPÍRITU QUE ES LA FINALIDAD ÚLTIMA DE TODOS LOS OBJETIVOS.

Por Deepak Chopra

Podríamos definir el éxito en la vida como la expansión continuada de la felicidad y la realización progresiva de objetivos que merecen la pena. El éxito es la capacidad de satisfacer nuestros deseos con facilidad y sin esfuerzo. Pero, a pesar de todo esto, siempre se ha considerado que el éxito, dentro del cual se incluye la creación de riqueza, es un proceso que exige trabajar duramente y se suele considerar que se consigue a costa de los demás. Debemos alcanzar un planteamiento más espiritual del éxito y de la abundancia, que es el flujo que nos llega de todas las cosas buenas. Con el conocimiento y con la práctica de la Ley espiritual, nos ponemos a nosotros mismos en armonía con la naturaleza, y creamos, libres de preocupaciones, con alegría y con amor. El éxito tiene muchas facetas; la riqueza material no es más que una de ellas. Además, el éxito es un viaje y no un destino. Se da la circunstancia de que la abundancia material, en todas sus manifestaciones, es una de las cosas que hacen que el viaje sea más agradable.

Pero, dentro del éxito también se incluyen la buena salud, la energía y el entusiasmo por la vida, las relaciones personales que nos llenan, la libertad creativa, la estabilidad emocional y psicológica, la sensación de bienestar y la tranquilidad de espíritu.

Hablaremos aquí de «Leyes espirituales» y para comprender el concepto diremos que la Ley es el proceso a través del cual se manifiesta lo que no es manifiesto; es el proceso por el cual el observador se convierte en lo observado; es el proceso por el cual el espectador se convierte en el paisaje; es el proceso a través del cual el soñador manifiesta el sueño. Toda la creación, todo lo que existe en el mundo físico, es el resultado de la transformación de lo no manifiesto en manifiesto. Todo lo que contemplamos procede de lo desconocido. Nuestro cuerpo físico, el universo físico, todo, cualquier cosa que podamos percibir a través de nuestros sentidos, es la transformación de lo no manifiesto, de lo desconocido e invisible, en manifiesto, conocido y visible. El universo físico no es otra cosa que el Yo que gira sobre Sí Mismo para conocerse a Sí mismo en forma de espíritu, mente y materia física. En otras palabras, todos los procesos de creación son procesos a través de los cuales se expresa a Sí mismo el Yo o lo divino. La conciencia en movimiento se expresa a sí misma bajo la forma de los objetos del universo en la danza eterna de la vida. La fuente de toda la creación es lo divino (o espíritu); el proceso de creación es lo divino en movimiento (o mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del que forma parte el cuerpo físico). Estos tres componentes de la realidad -el espíritu, la mente y el cuerpo, o el observador, el proceso de observar y lo observado- son en esencia una misma cosa. Todos proceden de un mismo lugar: del campo de potencialidad pura, que es puramente no manifiesto. Las leyes físicas del universo son en realidad todo este proceso de lo divino en movimiento o de la conciencia en movimiento. La Ley del Propósito de la vida dice que nos hemos manifestado bajo forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia y lo divino asume forma humana para cumplir un propósito. Cada uno de nosotros tiene un talento singular y una manera singular de expresarlo. Existe algo que cada uno de nosotros puede hacer mejor que nadie más en todo el mundo; y para cada talento singular y para cada expresión singular de ese talento existen también unas necesidades singulares. Cuando estas necesidades se corresponden con la expresión creativa de nuestro talento, ésa es la chispa que crea la abundancia. La expresión de nuestro talento para satisfacer necesidades crea riqueza y abundancia ilimitadas. Si pudiésemos implantar este pensamiento en los niños desde el primer momento, veríamos el efecto que tiene sobre sus vidas. De hecho, yo lo hice así con mis propios hijos. Les dije una y otra vez que estaban aquí por una razón y que tenían que encontrar por sí mismos cual era aquella razón. Ellos me oyeron decir esto desde los cuatro años. Cuando tenían aproximadamente la misma edad, les enseñé también a meditar, y les dije: «No quiero que os preocupéis nunca, jamás, de ganaros la vida. Si sois incapaces de ganaros la vida cuando seáis mayores yo me haré cargo de vosotros, de modo que no os preocupéis de eso. No quiero que os centréis en sacar las mejores notas ni en ir a las mejores universidades. Lo que quiero de verdad es que os centréis en preguntaros a vosotros mismos cómo podéis servir a la humanidad y en preguntaros a vosotros mismos cuáles son vuestros talentos singulares. Porque tenéis un talento singular que no tiene nadie más y tenéis una manera especial de expresar ese talento y nadie más la tiene». Con el tiempo, fueron a las mejores escuelas, consiguieron las mejores notas y son singulares incluso en la universidad, en el sentido de que son autosuficientes económicamente pues están centrados en lo que han venido a entregar. Esta es, pues, la «Ley que tiene 3 componentes». El primer componente dice que cada uno de nosotros estamos aquí para descubrir nuestro Yo verdadero, para que averigüemos por nuestra cuenta que nuestro Yo verdadero es espiritual, que somos esencialmente seres espirituales que nos hemos manifestado bajo forma física. No somos unos seres humanos que tenemos experiencias espirituales de cuando en cuando.