Islam, Occidente y Los Derechos Humanos

De punto de vista del Imam Jomeini (ra)

Libertad y democracia en el pensamiento político del Imam Jomeini

(Primera parte)

Por Dr. ‘Imad Afrugh

Introducción

El objetivo principal de pensadores y teóricos es brindar un panorama comprensible, simbólico y relativamente abarcativo de la vida política y de la sociedad. Podemos percibir tres fases[1] en las investigaciones e indagaciones de estos pensadores:

1. Constatación de la anarquía,

2. Distinción de las causas,

3. Presentación de una solución

El Imam fue, sin duda, uno de los grandes hombres que no solo incluyó en sus discursos su entendimiento a gran escala de la vida política y de la sociedad, sino que trató, por virtud de su ser comprensivo e íntegro, de presentar tal entendimiento en una experiencia general coherente y en armonía con la vida social y humana y su propia antropología social y filosófica. Gracias a su visión global y a su creencia en la lógica concomitancia de las diferentes estructuras emocionales, normativas y de comportamiento en los diferentes dominios de la vida humana, el Imam presenta un modelo desarrollado en armonía con sus propias opiniones sobre la vida política, aunado a la intención de cubrir la brecha empírica del vínculo racional de Hume entre las dimensiones de valor ontológico y la filosofía gubernamental práctica. A lo largo de la historia humana, él ha estado entre los pocos teóricos que han pasado de manera exitosa al segundo nivel de la brecha, que es el vacío entre el modelo y la realidad, para entrar a la escena política victoriosamente dirigiendo la Revolución Islámica. Al probar este modelo de manera exitosa y modificar algunos de los detalles, el Imam complementó la consistencia individual y todos los puntos de vista de la vida política.

Sin embargo, uno debe tener en mente que tal pensamiento político, especialmente el político-filosófico, no puede ser comprendido a través de la mera aplicación de algunas de sus palabras; sino que se requiere releer cuidadosamente sus discursos y escritos, así como percibir la diferenciación entre sus estímulos y motivos, provocados por la experiencia y los contextos de sus palabras, teniendo en cuenta su visión antropológica y principios teóricos, incluyendo los filosóficos, teológicos y aún los místicos. Esto involucra esfuerzos interdisciplinarios de los diferentes expertos y especialistas.

Se hace aún más imperioso realizar estudios interdisciplinarios e investigaciones de las opiniones del Imam y sus pensamientos para no atribuir las opiniones del investigador al Imam, lo cual debe ser cuidadosamente evitado. Por mi parte, espero que aquellos que están a cargo, traten de clarificar la opinión del Imam en diferentes grupos de investigación, dotando a los partidarios de los pensamientos profundos y fructíferos del Imam con el resultado de sus concienzudos estudios.

Concentrándonos en el ámbito de la política, este artículo revisa primeramente el concepto de libertad, sus principales desafíos y preguntas, el enfoque dominante, los conceptos más relevantes y sus requerimientos, y después se ocupa de la opinión del Imam sobre los problemas antes citados, mientras se trata de reconstruir y de llegar a una comprensión de la libertad compatible con los principios teóricos. Trae así a consideración el concepto de democracia y disputas conceptuales y al final evalúa la opinión del Imam al respecto.

1. Concepto de libertad

Como otros conceptos políticos, el concepto de libertad, de la que se han dado distintas definiciones en diferentes escuelas, está sujeto a controversia. Dado el problema de si se debería hablar de la libertad relacionándola con el liberalismo y los liberales, es preferible para nuestra discusión, darles primero la definición de libertad de los liberales y así discutir los principales niveles, requerimientos, preguntas y desafíos. Se hará así para evitar entrar en un ámbito de discusión del cual no es fácil salir.

En general, los liberales no consideran ninguna restricción ni condición para definir la libertad. Simplemente resulta del problema de la intromisión de los seres humanos en los deseos de los otros.[2] Se presume que si no existiera la intromisión intencional de los seres humanos, los individuos se comportarían de manera diferente. El hombre libre, según la concepción liberal, es aquel que no se enfrenta con ningún obstáculo[3] cuando intenta hacer algo, siempre y cuando posea el ingenio que la situación requiere. Estos obstáculos son o bien provocados intencionalmente por los demás, o bien resueltos por los otros, aunque, como se mencionó anteriormente, cierta capacidad general e ingenio son prerrequisitos necesarios para que lleven a cabo sus deseos. Por ejemplo, si una persona no puede correr un cierto trecho al lado de un campeón, uno no debe pensar que no es libre sino que no es capaz.

Un filósofo de la política contemporánea, D. Raphael[4], distingue entre dos conceptos: la libertad de voluntad y la libertad de acción o libertad social. El hombre no es libre a menos que se enfrente con algún impedimento tanto en sus decisiones como en sus acciones. ‘Elección’ significa escoger una opción entre diferentes alternativas; deben existir distintas alternativas para nosotros para poder afirmar que se ha tomado una decisión.

Si siempre escogemos solo una opción, entonces no somos libres de elegir y en este caso, no habrá libertad de elección o de voluntad. La libertad de acción o libertad social significa no enfrentar ningún obstáculo al intentar llevar a la acción las elecciones que uno tomó. Lo que suele considerarse como libertad o voluntad en las discusiones políticas y sociales es en efecto sólo libertad de acción o social.

Antes de tratar con las dimensiones y los niveles de libertad y de ir a los problemas principales y los comentarios críticos, vamos a tratar dos puntos principales sobre la libertad de acción en el pensamiento liberal, que ponen en tela de juicio los conceptos claves de poder y antropología filosófica.

La primera se trata de la discrepancia entre la acción y la preferencia primaria. La mayoría de las veces, lo que elegimos hacer es lo que queremos hacer. Sin embargo, algunas veces el hombre escoge hacer algo mientras que de hecho se inclinaba a hacer otra cosa. En otras palabras, la elección no implica necesariamente una intención concomitante. Muchas veces pasa que las elecciones de una persona ceden en base a consideraciones externas a pesar de internamente desear otra cosa. Además, otras veces las elecciones hechas por individuos se deben a otras fuerzas, de cuya magnitud no se tiene ninguna conciencia. ¿No es el poder de la fuerza lo que hace al individuo ceder a los deseos de los demás sin estar enterado de ello? El individuo puede pensar que ha tenido una elección basada en sus propios deseos, mientras que en realidad está influenciado por diferentes sugestiones que algunas veces resultan del control de la información por parte de los medios y el proceso de socialización y así, inconscientemente, serán la causa que crea y fortalece la orientación de un sistema particular. En otras palabras, la orientación de un sistema no puede mantenerse sólo a través de una serie de decisiones resueltas de los individuos, sino que el factor más importante en su protección y mantenimiento se sabe que es el comportamiento cultural y la estructura social sistemática de los grupos, las instituciones y los partidos.[5]

La segunda crítica se refiere al concepto de libre albedrío y deseos individuales. En la opinión de los liberales, la libertad debe estar al servicio de la voluntad pura de los individuos. Sin embargo, debe notarse que la mera voluntad por sí misma no tiene ningún valor. Puede decirse que una acción tiene valor cuando es moral. Este problema trae a la luz la filosofía moral y la antropología filosófica. En la opinión de los críticos, la libertad o el poder son valiosos únicamente si van en la misma dirección de la moral y de los valores sublimes. La libertad de hacer lo que sea que la persona desea hacer no es libertad, sino solo el permiso requerido para efectuar el acto y no puede llamarse voluntad o libertad comprometida.[6] En consecuencia, la forma en que concebimos a los seres humanos y nuestro método antropológico tienen un efecto determinante sobre la dirección y el límite de la libertad de acción o política. Aunque una escuela que restringe las opciones del hombre a sus aspiraciones y deseos —sin tener en cuenta la dirección de estos— supuestamente amplía el rango de opciones para elegir ya que no toma en cuenta las disposiciones religiosas ni las condiciones morales, en la práctica, no garantiza prevenir las órdenes de unos sobre otros. Esto es particularmente cierto durante los períodos más opresivos y críticos. El rango y dirección de las acciones políticas de los individuos o sus elecciones, sin duda estarán limitados al sistema de poder que existe en diferentes formas y bajo nombres distintos. Por otro lado, debido a la complejidad del concepto de ‘deseo’ y lo incierto del comportamiento político que resulta de los deseos humanos, la aprobación de regulaciones específicas para los individuos es muy difícil de lograr y está sujeta al fracaso. Solo estableciendo un sistema legal se puede detener el exceso en las libertades y las agresiones desatadas que anidan en los deseos e instintos humanos. El sistema legal de los liberales no solo no garantiza una mayor libertad para los seres humanos, sino que tampoco pone un freno al caos. Tal sistema legal, que resulta de un ambiente auto-indulgente, no es social sino político y el consenso que obtenga será político y no social. Las elecciones basadas en la religión y la ética, además de incrementar, en ciertas situaciones, el ámbito de las acciones políticas, establecerá en cambio un sistema justo y favorable, y hará que los comportamientos sean predecibles y metódicos.

Las acciones motivadas en la moral y la religión que surgen del amor a la perfección y de la negativa a adorar a nadie excepto a Dios (“Para quienes se abstienen de adorar a los ídolos y a los falsos dioses y se vuelven arrepentidos hacia Dios hay una buena noticia…” [Sura 39:17]), son elecciones comprometidas. Ante todo, requieren una mayor libertad política y en segundo lugar, producen comportamientos predecibles y sistemáticos y, como resultado, crean un ámbito más satisfactorio para el establecimiento de un orden legal, interno y constitucional.

Hay tres cuestiones o temas esenciales tanto sobre la libertad de acción como sobre la libertad política y social. En primer lugar estas cuestiones son un indicativo de las complejidades del concepto de libertad, y en segundo lugar, su puesta en práctica trae a consideración en diferentes niveles conceptos tales como los derechos humanos y de los ciudadanos, así como la justicia y el poder. Las preguntas incluyen:

1. ¿De qué es libre el hombre?

2. ¿Para qué es el hombre libre?

3. ¿Quién debe ser libre?

Ser libre del temor (temor al gobierno y a las limitaciones impuestas por él, temor a las fuerzas de seguridad, temor al hambre y a la inseguridad económica, social y política, temor a las masas y al monitoreo social) es un ejemplo de la primera pregunta, o sea: ¿de qué es libre el hombre? La libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de hacer ceremonias religiosas, libertad para establecer diferentes partidos y grupos, son ejemplos que surgen de la segunda pregunta, o sea: ¿para qué la libertad? Libertad de expresión y de realizar ceremonias religiosas, etc., son ejemplos de acciones que deberían ser libres, y ser libre del temor remite a los obstáculos.

En la primera pregunta hay pues una mención a la libertad de acción y en la siguiente se habla sobre la eliminación de los obstáculos. Aunque la mayoría de las veces eliminar los obstáculos es un camino que conduce a la libertad de la acción, no existe ninguna relación estricta ni clara entre los problemas “de qué [ser libre]” y “para qué [ser libre]”. Por ejemplo, mediante un cambio de la sociedad de lo tradicional a lo moderno, y la transición de un grupo a una comunidad mayor, el individuo puede liberarse de disposiciones, limitaciones, controles y de normas religiosas y sociales (atinentes a la primera pregunta). Esto sin embargo no significa que paralelamente con esta libertad el problema de la segunda pregunta también se incremente. En palabras de Zimel, aunque una persona viva en la ciudad, libre de las limitaciones (sociales y operativas) del ámbito rural, igualmente su poder de maniobra para cumplir sus deseos igualmente disminuye debido a la separación de las estructuras sociales.[7]

La “primera pregunta” muestra un enfoque sobre el gobierno, los límites de las libertades y los derechos primarios de los seres humanos, que están más allá del poder del gobierno. Los derechos conocidos como “derechos del ciudadano” incluyen los derechos civiles (libertades personales, libertad de expresión, libertad de pensamiento, libertad de religión y credo, derecho a la propiedad, derecho a establecer un contrato con libertad y derecho a disfrutar de la justicia), los derechos políticos (derecho al sufragio) y los derechos sociales (derecho a disfrutar del bienestar social, a la seguridad y la cooperación). Una gran parte de la literatura sobre la libertad en los textos liberales está relacionada con esta cuestión. “El para qué de la libertad” muestra, por un lado, la dirección de la libertad, y por otro, las características de las personas que gobiernan una nación y su fidelidad.

Una de las continuas críticas al énfasis del concepto liberal de “libertad de qué” es que esta concepción es principalmente negativa. Los liberales definen la libertad de una manera negativa y en situaciones en las que el hombre no está limitado, nadie interfiere en sus asuntos ni está bajo presión. Mientras que, de hecho, la libertad debe ser tratada como uno de los valores humanos más importantes y se deben hacer esfuerzos para definirla de manera positiva. Con el fin de brindar una definición positiva de la libertad, debemos considerar sus objetivos. La pregunta esencial es qué sucedería si los individuos fueran libres de estas condiciones y disposiciones. ¿Por qué los individuos no quieren sufrir ni las menores limitaciones? En respuesta a estas preguntas uno puede responder que ello (eliminar las limitaciones) es preciso con la finalidad de obtener libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de tomar parte en demostraciones, etc. Pero el objetivo último de la libertad permanece aún sin respuesta. ¿Para qué tales libertades? Aquellas libertades que son parte del dominio de la libertad de acción, ¿son favorables y valiosas? ¿Son inherentemente valiosas? ¿Las direcciones hacia las cuales se mueven son valiosas? A este respecto, los filósofos idealistas proponen la teoría moral.[8] Esta teoría sostiene que el objetivo último de los seres humanos es descubrir el verdadero yo superior. Ya que el auto-descubrimiento es considerado el objetivo final, la libertad debe ser algo íntimamente vinculado al auto-descubrimiento para ser considerada un valor positivo. De hecho, el hombre es realmente libre cuando entiende su yo real. Tener en cuenta el objetivo y dirección de la libertad no necesariamente implica descuidar la libertad en sí misma (ser libre de limitaciones). Como lo mencionamos anteriormente, el concepto de “libertad de qué” implica un sistema de gobierno y los derechos humanos y de ciudadanía concomitantes. En consecuencia, aquellos que sostienen haber suministrado definiciones positivas de la libertad han establecido ciertas relaciones entre el concepto de libertad y el de ciudadanía que garantizan un amplio rango de derechos civiles, políticos y sociales, afirmando que la relación mencionada es un factor necesario para el auto-descubrimiento de los individuos. Como resultado, puede decirse que aunque la “libertad de qué” no es valiosa en sí misma, adquiere su valor de los objetivos y propósitos de la libertad, y por lo tanto, como factor necesario para hacer realidad esos objetivos, no debería ser despreciado.

El concepto de “quién debe ser libre”, que trae a colación la justicia social y el poder, responde a la pregunta de “quién puede disfrutar de la libertad”. En otras palabras, ¿los beneficios, valores y normas de quién constituyen la libertad? ¿Pueden todos los individuos disfrutar de igual manera de la libertad? ¿Unos son más libres que otros? ¿La libertad está distribuida equitativamente entre todos los grupos? ¿Existen ciertos grupos que gozan de estructuras de poder que, además de darles mucho más libertad, les permite también modelar las prioridades y preferencias de los demás? ¿Es la libertad un bien que favorece a todas las clases de la sociedad o solo es favorable a ciertas clases? ¿Qué relación existe entre libertad y justicia? ¿Es la igualdad la relación entre estos dos conceptos claves de la filosofía socio-política?

Si clasificamos la libertad en dos dimensiones: legal o disciplinaria y social o distributiva, y cada una en diferentes dominios: político, cultural y económico, esto es, clasificando la justicia en tres grupos: política, cultural y económica, significando en ambos niveles (de libertad): la igualdad de los individuos en los derechos esenciales así como ante la ley en el plano legal, y en el nivel social la igualdad de oportunidades para todos combatiendo las redes monopólicas y obstructivas en la sociedad, el concepto de justicia se vuelve más abarcativo e inclusivo que el de libertad. La relación entre estos dos conceptos es categóricamente una en lo público y privado.

Otra cuestión a tratar sobre la libertad tiene que ver con los niveles sociales y personales de la libertad. Usualmente los liberales enfatizan el nivel personal debido a su tendencia a descuidar lo grupal y la estructura social. Desde el punto de vista de los liberales, el nivel personal y el individualismo son muy importantes y como resultado de su metodología individualista, los liberales son incapaces de tener en cuenta en sus estudios las estructuras sociales, y así el concepto personal de la libertad apenas pasa por el concepto social. Las libertades personales deben distinguirse de las libertades sociales. Diferentes movimientos religiosos, nacionales, locales, étnicos, de grupos relacionados al sexo, son todos indicios de los esfuerzos hechos para lograr una mayor libertad. Una gran cantidad de las actividades y movimientos de la época moderna para obtener la independencia están relacionados a este preciso nivel de libertad. Los movimientos independentistas de las colonias y semi-colonias con el propósito de expulsar a los extranjeros y deshacerse de ellos (en Irán, por ejemplo, el movimiento del tabaco, el constitucional, la nacionalización de la industria petrolera, el levantamiento del día 15º del mes iraní de Jordad, la Revolución Islámica, el combate a las diferentes intrigas y a la guerra impuesta), los movimientos de diferentes minorías étnicas, de género y religiosas para participar en el proceso de decisión de sus sociedades, los movimientos de jóvenes y mujeres, y finalmente, los movimientos estudiantiles, feministas y de los trabajadores, todos son casos del ya mencionado nivel de libertad de naturaleza colectiva.

Todos estos movimientos conducen al logro de ciertos tipos de libertad personal. Sin embargo, observando estas libertades menores, resulta claro de que el tipo de libertad más espléndida es una combinación de ciertos órganos sociales que unidos crean un tipo particular de orden social. Uno también debe tener en mente que, a diferencia de lo que opinan los liberales, el hombre no nace absolutamente libre. El ser humano nace en una red de relaciones sociales que incluyen la membrecía a ciertas nacionalidades, clases particulares y diferentes religiones y sexos. Sin duda, estas condiciones implican algunas limitaciones. Las personas en las sociedades modernas, por cierto, tienen más libertad comparadas con las del pasado, ya que disfrutan de derechos civiles y políticos. No obstante, uno debe tener en cuenta que, por ejemplo, el acceso a derechos sociales tales como el derecho al bienestar, a la seguridad y a la cooperación social se está reduciendo debido al crecimiento de la intervención gubernamental y de la burocracia, lo que provoca algunas limitaciones a la libertad de los individuos.

Por otro parte, el aumento de los procesos lógicos y administrativos de la vida social, en palabras de Weber, han creado una jaula de hierro para la independencia y la identidad personal que no se compara con lo que ocurría en el pasado. Más aún, las sociedades occidentales modernas también sufren de la “dictadura de la mayoría” y la libertad de ciertos individuos y grupos en la sociedad tiene una relación directa con la limitación de la libertad de otros grupos.

Considerar este punto, que es a su vez una realidad social, nos permite ver la limitación y la negación de la libertad oculta en la definición liberal de la libertad “condicionada al daño (de la libertad ajena)”, definición que sigue a Hume en su separación de ley y moralidad. Basándose en este tipo de libertad, la persona es libre en tanto su libertad no afecte la de otros. En la práctica, no dar libertad a una persona cualquiera con el pretexto de la posibilidad de que esto puede afectar la libertad de un tercero, es, además de una privación de los derechos de esa persona, una garantía para la libertad de la otra persona. Esto puede probarse con claridad a través de un ejemplo. Imaginemos que una persona desea ejercer una actividad económica. Dicha actividad puede afectar las actividades económicas de otras personas, pero de acuerdo al principio de “condicional al daño” de la libertad de los liberales, como la libertad de esta persona puede afectar la de otros debe retirársela. Otro ejemplo es cuando dos personas quieren cometer actos inmorales o cuando una persona quiere practicarse un aborto. Los individuos que van a realizar estos actos han decidido por propia voluntad efectuarlos y nadie va a recibir ningún daño. ¿Están ellos en libertad de hacer lo que quieren o deben ser privados de este derecho debido a consideraciones morales?

Está claro que la cuestión de la libertad “condicional al daño” no es aplicable en todos los casos. Algunas veces la moral social se convierte en la causa de este condicionamiento, y debe tratarse el problema de dar libertad a una persona o privarla de la misma en base a ella. El aspecto social de la libertad se tiene en cuenta aquí para plantear la cuestión de los desafíos teóricos y prácticos que han enfrentado los liberales.

La última palabra sobre las libertades políticas y sociales, tanto en el nivel social como personal, es el vínculo entre estos tipos de libertades y la relación pueblo-gobierno. Utilizando medios tales como las leyes y algunas veces gobernando por la fuerza, el gobierno aplica limitaciones para establecer el orden. El gobierno y sus objetivos, sus decisiones y la aplicación de las decisiones tomadas en otros dominios que no son políticos, su nivel, la actitud de las élites y funcionarios, todos estos factores, tienen en la práctica efectos en las libertades sociales y personales. Recurriendo a la ley, el gobierno le pide a la gente y a los grupos que realicen ciertas acciones que, de lo contrario, no harían, o bien se les solicita no hacer ciertas cosas que desean hacer. Las limitaciones legales pueden contribuir a la protección de la libertad de las personas o realzar sus valores tales como la cultura, la seguridad social, el bienestar público y la justicia. Con el fin de tener el poder necesario para hacer que la gente cumpla con las leyes, primeramente el gobierno debe suministrar los fundamentos morales para las obligaciones políticas que persiguen dichas leyes. Aceptar o no obligaciones políticas depende de la legitimidad del gobierno y su nivel de apoyo por parte de la gente, lo cual a su vez requiere que el gobierno haga lo mejor en cuanto a sus responsabilidades ejecutivas para mantener los valores, las normas de la sociedad y sus obligaciones morales y para preservar los intereses nacionales.

La opinión del Imam sobre la libertad

Ahora, analizaremos la opinión del Imam sobre la definición liberal de la libertad. ¿Cuáles son las respuestas del Imam a las preguntas propuestas por los críticos? ¿Cuál es la opinión del Imam sobre la limitación causada por la privación de libertad, especialmente de libertad de acción y el problema de “la libertad para qué”? ¿Podemos llegar a una nueva clasificación en opinión del Imam? Principalmente, ¿qué es la libertad en palabras del Imam? ¿Cuál es la evaluación que hace el Imam de la libertad en los niveles social y personal? ¿Cuáles son las condiciones para la libertad? ¿Qué valor tiene la libertad en la opinión del Imam? ¿Cuál es en su opinión la relación entre las condiciones religiosas o morales y las legales?

En un documento que el Sahifeh-ye Imam califica como el más famoso en su vida militante, y que data del 15/3/1323 AHS (1944), el Imam considera el egoísmo y el obrar únicamente por el bien personal como la mayor limitación de la libertad y el mayor obstáculo para la libre elección. Él piensa también que la mayor motivación para la libertad de elección o para la libertad política y social, es alzarse (rebelarse) por la causa de Dios. Rechazando la orientación hacia la búsqueda del placer de los liberales, el Imam da cuenta de que la motivación original para el avance de la humanidad y para rebelarse por amor a Dios reside en el deseo de ser libres del angosto y oscuro ámbito de la naturaleza. En esta perspectiva, las elecciones morales y la dirección de las mismas o la libertad de acción, resultan claras. En ese texto histórico el Imam dice:

“Dios Altísimo, en esta Palabra sagrada (el Corán) ha hablado sobre la oscura morada de la naturaleza para poner fin al destino humano, y ésta es la mejor prédica elegida por Dios entre distintos consejos morales. Esta es la única manera de alcanzar la redención en los dos mundos. Fue el levantamiento por amor a Dios lo que hizo que Abraham (P) lograra la prosperidad y se liberara de diferentes aspectos del mundo material. Fue el alzamiento por amor a Dios el que ayudó al Noble Profeta (BP) a mantenerse firme contra todas las ideas y acontecimientos del período de la ignorancia (Yahiliyyat), derrocando a los ídolos y remplazándolos por el monoteísmo, a la par que ayudaba a su esencia sagrada a acceder a lo sublime. Es nuestra arrogancia y el hacer a un lado el amor a Dios lo que nos ha llevado a la oscuridad y ha hecho que el mundo nos gobierne, convirtiendo a los países musulmanes en esclavos. Actuar con la finalidad de obtener beneficios personales ha estrangulado el espíritu de hermandad y unidad en los países islámicos. Es el esfuerzo para el ego lo que ha desunido y separado a diez millones de shiítas que se han convertido en burócratas buscadores de placer”.[9]

Cabe mencionar que el Imam repitió estas mismas palabras treinta y cuatro años después el 28/8/1357 AHS (1978). Esto en sí mismo muestra la honestidad de su pensamiento. Se desprende de las palabras del Imam que él considera a Dios Altísimo como la meta final de cada acción y comportamiento.

….Continuará

Fuente: http://islamoriente.com/