La creencia en la existencia de Dios es un principio común entre todas las doctrinas divinas, y básicamente, la diferencia substancial y fundamental entre una persona religiosa -cualquiera sea la doctrina que practique- y un individuo materialista, radica en esta cuestión.
El Sagrado Corán considera la existencia de Dios como un asunto claro que no necesita de argumentación. Considera que la duda y la vacilación respecto a esta realidad es algo injustificable, e incluso rechazable. Es así que expresa:
أَفِي اللَّهِ شَكٌّ فَاطِرِ السَّمَاوَاتِ وَالأَرْضِ
«¿Acaso puede haber dudas respecto a Dios, el Originador de los Cielos y la Tierra?». (Corán 14: 10)
Solo que, a pesar de lo evidente y obvio de la existencia de Dios, el Sagrado Corán ha dispuesto para quien desee conocer a Dios a través de la reflexión y la argumentación, y quiera apartar de su mente todas las dudas y posibilidades contradictorias, métodos que cumplen con esa función, de los cuales los más exponentes son:
1- La percepción de la persona que le indica la necesidad de la existencia de un Hacedor Superior. Es esa sensación que se manifiesta en circunstancias y estados especiales. Eso es el llamado de la fitrah o naturaleza primigenia del ser humano, el cual le exhorta hacia la Causa Original de lo creado. Dice el Sagrado Corán a este respecto:
فَأَقِمْ وَجْهَكَ لِلدِّينِ حَنِيفاً فِطْرَتَ اللَّهِ الَّتِي فَطَرَ النَّاسَ عَلَيْهَا لاَ تَبْدِيلَ لِخَلْقِ اللَّهِ
«Y dispón tu rostro hacia la religión como monoteísta, es la naturaleza de Dios sobre la cual creó a la gente. No hay cambio en la creación de Dios». (Corán 30: 30)
2- La exhortación a estudiar sobre el mundo de la naturaleza y a reflexionar en las maravillas de las criaturas, las cuales conforman evidentes signos y son fuertes indicios de la existencia de Dios. Éstos son signos que indican la influencia y el papel que desempeñan el conocimiento, el poder y la sapiente administración en el mundo de la existencia:
إِنَّ فِي خَلْقِ السَّمَاوَاتِ وَالأَرْضِ وَاخْتِلاَفِ اللَّيْلِ وَالنَّهَارِ لاَيَاتٍ لاُوْلِي الأَلْبَابِ
«Por cierto que en la Creación de los cielos y la Tierra y en la diferenciación entre la noche y el día hay signos para los que poseen entendimiento». (Corán 3: 190)
Las aleyas coránicas sobre este tema son numerosas, y lo que mencionamos no constituye más que un ejemplo de ello.
Es evidente que esto no quiere decir que los caminos para alcanzar el conocimiento de la existencia de Dios se restrinjan a estos dos mencionados, sino que existen muchos otros caminos para demostrar la existencia de Dios y que han expuesto los sabios expertos en doctrina y los teólogos musulmanes en sus obras particulares sobre estos temas.