Desde el punto de vista del Islam
Autores: Muhammad Husain Beheshtí y Muhammad Yauád Bahonar

En vistas a hacer un estudio respecto a la fuente de la creación y la primer causa del desarrollo del universo, es necesario prestar una consideración cuidadosa a los siguientes puntos.
1. —El mundo es una realidad.
El mundo es una realidad que puede ser palpada, observada y per­cibida. No es algo imaginario o el producto de la concepción o noción de cualquier persona. Indistintamente de qué pensemos sobre ello y del hecho de si sus fenómenos son conocidos para el hombre o no, o si tienen alguna utilidad o no, es una realidad absoluta e indiscutible.
Desde el punto de vista del conocimiento experimental también la existencia del universo es indiscutible, ya que sus fenómenos están sujetos a la investigación y estudio científico. Si su realidad hubiera sido dudosa, todos los esfuerzos y estudios científicos hubiesen sido sin provecho y en vano.
2. —EI mundo está bien organizado.
Por medio de la observación, el experimento y el cálculo, el hom­bre ha encontrado que el mundo está bien organizado. Existen relacio­nes definidas entre sus elementos y fenómenos, y está gobernado por leyes consistentes (que no se contradicen). Normalmente, el objeto de todo estudio científico es el descubrimiento de estas mismas leyes y relaciones. La existencia de esta organización sistemática es tan defi­nida que ninguno de los sucesos naturales se considera que sea casuali­dad y que no tenga ninguna relación con otros fenómenos. Si se en­cuentra que la causa de un fenómeno es desconocida, se llevan a cabo distintas investigaciones durante años hasta que se la descubre. Por otra parte, si se descubre una ley, sus generalidades y consistencia se consideran tan seguras que sobre esa base se edifican grandes plantas industriales, y miles de utensilios e implementos son manufacturados.
De esta manera, el mundo, en todas sus dimensiones, tiene inter­relaciones sistemáticas en todos los niveles que son tan precisas y complejas que evidentemente están bien calculadas.
El progreso de la ciencia ha descubierto que hay leyes definidas gobernando los fenómenos naturales.
“El sol y la luna (se mueven de acuerdo) a su cómputo. Las es­trellas y los árboles se prosternan (o someten a Sus órdenes). (Dios) ha elevado el cielo y ha establecido la balanza (de las armoniosas leyes universales).” (55:5-7)
3. —La “transformación” y sus causas.
Encontramos un cambio y desarrollo continuo en todos los fenó­menos naturales. Este cambio es más evidente y conspicuo entre los seres vivientes. Un árbol crece. Tiene flores que se abren gradualmente y luego se marchitan. Las flores maduran lentamente pasando a ser frutos y granos.
Las células de la semilla humana crecen lentamente y se transfor­man en el embrión. Este se desarrolla continuamente y sin cesar hasta que sale a luz. Entonces el recién nacido continúa creciendo hasta envejecer.
La “transformación” se puede expresar como el fluir gradual de la existencia. En cada estadio un ser es diferente de lo que era en los anteriores y de lo que será en los siguientes. Pero, en cualquier caso, existe un vínculo entre estas existencias en sus distintas etapas, y su conjunto es el “ser fluyendo”.
Pero debemos ver qué causa esta “transformación”. ¿Cuál es la fuente de este hacer, mezclar y descubrir? ¿Por qué ocurre este desa­rrollo basado en cálculos sistemáticos y precisos?
4. —La causa de los cambios y desarrollo sistemático.
La armonía y la composición metódica encontrada en millones de fenómenos naturales requiere un factor apropiado. Para crecer una planta requiere la cantidad necesaria de los compuestos del suelo, agua energía solar y los componentes del aire, para que pueda florecer y prosperar. ¿Cuál es el poder que combina este trabajo y la mutua in­fluencia de los distintos factores? ¿Por qué los distintos elementos en una cantidad precisa y bajo condiciones específicas llegan a producir el efecto requerido?
5. —No son hechos accidentales.
Si se toma un puñado de letras de imprenta, se las coloca en un tazón se las mezcla bien y se las arroja sobre una superficie limpia, ¿qué posibilidad hay de que las letras se coloquen tan precisamente que dejen estructurada una poesía de un autor conocido? Naturalmen­te la posibilidad es Casi igual a cero.
O alternativamente, pongamos una máquina de escribir frente a un niño de dos años y dejémosle que pulse las teclas con sus pequeños dedos. Después que jugó un rato con las teclas, veamos si ha escrito un extracto de algún tratado filosófico de Avicena. ¿Cuál es la posibili­dad? ¿Es éste un concepto racional?
Se dice que la posibilidad de una combinación accidental de las materias primas y las condiciones del caso para que pase a existir una célula, es igual a un dígito dividido por 1016.[1]
Un científico ha dicho que la posibilidad de que accidentalmente se produzca la necesaria cadena material para que pase a existir una sim­ple partícula de protoplasma (la sustancia básica de la célula, y por ende de la vida) es igual a un dígito dividido por 1048.
Por lo tanto es evidente que todos estos cambios y los desarrollos de “transformación” son gobernados por leyes científicos precisas y bien calculadas, y así también el resultado de la combinación de dis­tintos elementos en condiciones específicas. La ciencia ha prestado un gran servicio mediante el descubrimiento de que no hay nada acciden­tal y casual. .
6. — ¿Es contradictoria la causa de la “transformación”?
De acuerdo a la teoría del materialismo dialéctico7, toda cosa material lleva dentro de ella el origen de su muerte o de su contradicción interna, lo que gradualmente conduce a su destrucción. Sin embar­go, del corazón de la muerte nace una nueva vida.
En otras palabras, tan pronto como un incidente o cualquier te­sis pasa a existir, ello excita una oposición a sí misma desde su interior. Esta oposición es llamada antítesis. Luego, como resultado de una lucha entre ambas, aparece una síntesis de ellas, con formas más desarrolladas.
Así, la causa básica del desarrollo de todas las cosas está dentro de ellas mismas y no en el exterior de ellas. Esta causa es la naturaleza con­tradictoria de todas las cosas y todos los fenómenos, la que produce todos los movimientos y todas las contradicciones. En los reinos animal y vegetal todos los desarrollos naturales son producidos básicamente por contradicciones internas. Lo mismo se aplica a todos los otros de­sarrollos del mundo.
De esta manera, todas las cosas proceden de la materia y el factor que causa su desarrollo yace dentro de ella misma. Todas las cosas se acompañan de contradicciones y conflictos, lo cual siempre tiende ha­cia la evolución.
Veamos ahora si la materia puede tener realmente todas estas facultades. ¿Hasta qué grado es esta teoría (la del materialismo dialéc­tico) científica y hasta dónde se sostiene por medio de los experimentos llevados a cabo hasta ahora?
¿Es este principio realmente universal? ¿Todos los cambios y de­sarrollos tienden realmente hacia la evolución o hay ejemplos en los que este principio no es aplicable? ¿Es siempre la contradicción el principal factor que respalda un movimiento o también la fuerza de atracción y cohesión obra en muchos casos?
En el curso de nuestra explicación daremos respuesta a estas pre­guntas.
La ciencia moderna, en tanto discute los distintos sistemas com­puestos, orgánicos e inorgánicos, que abarcan elementos materiales afines, los clasifica en diez clases o niveles y los divide en abiertos y cerrados, afirmando que:
Solamente los sistemas abiertos, y algunos otros bajo circunstan­cias específicas, pueden mantener su cualidad de auto preservación, propagación y evolución. Un sistema abierto es aquel grupo de cosas que se vincula a otras cosas por medio de la conversión. Por ejemplo, la asimilación del alimento y la energía por el cuerpo y la evacuación de lo que resulta superfluo o peligroso.