En este capítulo analizaremos el tema de que si existe o no diferencia entre la mujer y el hombre desde el punto de vista de la mística y su elevada jerarquía. Naturalmente, este tema, esencialmente, no está separado del tema de la mujer en el Corán puesto que el Corán corrobora muchos de los efectos de la mística. Este tema necesita de un prólogo:

Dios creó al hombre con el propósito de perfeccionarse y asemejarse a su Creador. Él mismo dice: “Fui un tesoro oculto y creé a las criaturas para que me conozcan”, ya que llegar a conocer a Dios es el más elevado nivel que una criatura pueda alcanzar. La raíz de la creación vuelve al hecho de que Dios es un ser sin parangón, Poderoso y Fuente de todas las perfecciones y estaba dentro de Su Poder crear a un ser que tenga la aptitud y capacidad de llegar a la máxima perfección.

Por otro lado, dentro de los adjetivos divinos existe el atributo de wahhabiatWahhabiat significa el más elevado estado de generosidad. Este atributo exigía crear al ser humano de tal modo que fuese el único ser que tuviera la capacidad de poder cristalizar  los nombres y atributos divinos y tratar de asemejarse a Dios. Un ser que a través de su libre albedrío y voluntad pueda llegar a un grado que ni los más elevados ángeles pueden alcanzar. El ángel Gabriel es uno de los más exaltados ángeles de Dios. En el viaje de ascensión a los cielos en el que el arcángel acompañaba al Profeta, ambos llegaron hasta un sitio en el que el ángel no pudo seguir acompañándolo, entonces dijo:

 “Lau danautu anmulatan lahtarqtu”

“Si avanzo en la medida de la yema de un dedo, me quemaría”.

De este modo, observamos que Dios le dio al hombre la capacidad de transitar hacia Él y dado que Él es un Ser Infinito, la perfección del ser humano también es infinita.

Este desarrollo y viaje espiritual del hombre hacia Dios existe, incluso, en el paraíso. En este rumbo el hombre no llega a un punto en el que pueda decir que ya terminó, que terminó su elevación por completo, sino que continuamente está viajando. La clave está en que el paraíso, con todas sus mercedes y gracias, nunca será monótono y pesado para el hombre paradisíaco ya que a cada instante alcanza una perfección más elevada.

El objetivo de todos los viajeros en este camino es liqâ’ul·lah (el encuentro conDios) y todos los seres humanos llegan a este estado, buenos y malos, creyentes e incrédulos, pero la diferencia está en que cada uno se aferró a una serie de nombres divinos y se convirtió en Su manifestación. Un grupo se avino con los nombres de belleza y Favor divino y otros con los nombres de Excelsitud y Cólera.

Dice la aleya 6 de la Sura “La Grieta”:

“Ia aiiuhal insan innaka kadihon ila rabbika kadhan famulaqih”

“¡Hombre! Te esfuerzas con denuedo en encontrar a tu Señor y le encontrarás”. (Corán, 84:6)

Cada uno, el día del Juicio Final, obtendrá su registro de acciones y su vida futura tomará forma en base a ese registro. Entonces, al comienzo del viaje no existe ninguna diferencia entre el monoteísta y el ateo, pero el viaje del incrédulo siempre está limitado al mundo material y en ninguna etapa de su esfuerzo tiene en cuenta su objetivo esencial. Es como el gusano de seda que teje alrededor de sí mismo.

Obtenemos como resultado de lo dicho anteriormente que en este viaje hacia la destrucción que atraviesa el incrédulo no existe diferencia entre el hombre y la mujer, pues el monoteísmo y la incredulidad son atributos del espíritu; y el espíritu, a su vez, como dijimos, no tiene ni feminidad ni masculinidad. Asimismo un monoteísta veraz siempre continúa su viaje junto a la verdad. En todas las etapas de su viaje está acompañado por Dios, no se deja engañar por lo material, sino que continuamente considera a la creación y a las criaturas como signos de Dios. Como dice el poeta Baba Taher:

“Miro el desierto y te veo a Ti

Miro el mar y te veo a Ti

Cualquier lugar que miro, montaña, valles,

Veo la señal de Tu hermosa apariencia.”

En esta marcha tampoco existe ninguna diferencia entre el hombre y la mujer, puesto que el viaje real en las etapas del monoteísmo pertenece a la naturaleza humana de la persona, la cual está exenta de masculinidad y feminidad.

El vicario de Dios:

Otro de los temas místicos es el del califato o vicerregencia de Dios. Cuando Dios quiso crear al hombre dijo a los ángeles:

“Inni ya’ilun fil ardi jalifah:”

“Por cierto que dispondré en la Tierra un califa”.

Este califato también está relacionado con la naturaleza humana y no a la propia persona o a una casta en especial, es decir que no fue sólo el Profeta Adán(la paz sea con él), el vicario de Dios, sino que su grado de humanidad es la que le otorgó tal jerarquía. Por lo tanto, los profetas y los próximos a Dios, especialmente la familia inmaculada del Profeta (la paz sea con él y su descendencia) son quienes se sitúan en la perfecta jerarquía de ser vicarios y califas de Dios, y todo ser humano perfecto que pueda ser una manifestación de los atributos de Dios, será califa de Dios sobre la Tierra. Atributos como amor,  justicia, poderío, nobleza, generosidad, veracidad, etc.

En esta jerarquía tampoco tiene nada que ver el género, pues es el propio espíritu y su grado de humanidad los que se convierten en califa de Dios y no el cuerpo humano. Nosotros vemos grandes ejemplos de mujeres a lo largo de la historia que han llegado a exaltados niveles de misticismo y que obtuvieron el rango de vicarios de Dios.

La pregunta que surge es que si el ser humano es el califa de Dios y esta posición está exenta de masculinidad y feminidad ¿por qué entre los hombres se encuentran muchas personas que alcanzaron esta posición, pero entre las mujeres, según lo expresan las narraciones, solo cuatro personas llegaron a dicha posición (María, Jadiyah, Fátima y Asia). En respuesta a ello debemos decir que en primer lugar existen numerosas mujeres cuyas virtudes no fueron registradas en la historia, y en segundo lugar presentar a esas cuatro personas no significa limitarlas a dicho número ya que las narraciones nos presentan los mejores modelos. Por otra parte, si la sociedad mundial se desarrollara más y actuara con mayor justicia, trataría de poner bajo disposición de todos los seres humanos los recursos del progreso y bienestar y si la sociedad está atrasada, no hay que culpar a la religión por ese fanatismo mental, puesto que la religión ha abierto el camino para ambos grupos y no ha condicionado ninguna perfección a la masculinidad o feminidad.

Para finalizar, es menester hacer referencia al hecho de que el Sagrado Corán, de la misma manera que cuando hace referencia a la aparición del hombre, comienza hablando del califato -y éste no depende del género- al final de su aparición y al final del mundo, cuando expone las cuestiones de la resurrección, las estancias en el Día del Juicio Final, el tema del barzaj (purgatorio), la congregación, las preguntas y respuestas en la primera noche de la tumba, el registro y la balanza de las acciones, el cruzar el puente de Sirat, la fuente de Kauzar y otros nunca hace diferencias entre el hombre y la mujer…