LINEAMIENTOS DE LA ECONOMIA ISLAMICA (5)
Distribución de la riqueza
Por: Ayatola Dr. Muhammad Husain Beheshtí y Ayatola Dr. Muhammad Yauád Bahonar

DISTRIBUCION DE LA RIQUEZA
La observación y las experiencias sociales bajo distintos sistemas económicos y sociales muestran que desde el punto de vista de las capacidades mental y física los seres humanos difieren ampliamente uno del otro. De lo que hablamos es acerca de la disparidad innata y natural y no de la causada por las injusticias económicas y sociales y las priva­ciones que pueden ser rectificadas removiendo las causas que las produ­cen tales diferencias son causadas por factores tales como la falta o el exceso de alimentación, el conocimiento de los métodos correctos o las facilidades educativas y de experimentación, cosas que no constitu­yen una disparidad natural.
Estas diferencias no deberían ser aceptadas como una compulsión del destino y se deberían hacer todos los esfuerzos del caso para esta­blecer la justicia social y el orden económico.
Sin embargo, aparece que incluso después de dejar a un lado las diferencias artificiales habrá aún variaciones en las capacidades físicas y mentales de los seres humanos y sus formas de pensar y hacer dife­rirán siempre, incluso bajo el sistema económico social más equitativo.
Como resultado de esta innata disparidad práctica e intelectual, el producto del esfuerzo económico de los seres humanos no puede ser naturalmente igual. Dos pescadores van al mar a pescar. Ambos se ocupan de ello desde el amanecer hasta el atardecer. Uno de ellos cap­tura solamente 15 peces mientras que el otro en el mismo período y con el mismo esfuerzo, captura 60 peces, es decir, 4 veces más. De mantenerse esta situación, en un año la diferencia económica de ambas personas será apreciable. Por lo tanto, incluso si admitimos que sola­mente el producto del trabajo puede ser el fundamento de la propie­dad personal, no podemos evitar la aparición de diferencias en el nivel económico de los seres humanos.
La diferencia señalada arriba se daba en el caso de distintos niveles físicos y de aptitud entre dos personas. Pero sabemos que más o menos en todas las sociedades se encuentran también personas débiles y dis­capacitadas. La posición económica de las mismas será por mucho peor que, incluso, la del grupo de bajos ingresos, y con toda probabi­lidad vivirán por debajo del nivel de subsistencia. Por lo tanto incluso bajo un sistema económico sobre el principio natural de “la propie­dad como producto del trabajo”, nos encontraremos con grupos de “sin ingresos”, “ingresos bajos” y “ingresos altos”.
¿Debemos contentarnos diciendo que es una necesidad natural y que no podemos luchar contra la naturaleza? ¿Deberíamos por lo tanto dejar a los tres grupos librados a su destino? ¿Deberíamos dejar que el grupo de altos ingresos permanezca sumergido en el lujo, el gru­po de bajos ingresos comprometido a trabajar esforzadamente y el grupo sin ingresos condenado a mendigar y a la humillación? ¿O tendríamos que pensar en algún remedio?
Este remedio ha tomado distintas formas bajo distintos sistemas económicos. De todos modos, el principal objetivo es el mismo, es decir, lograr una distribución más equitativa de la riqueza y para ello tomar algo del grupo de ingresos altos y dar al grupo de ingresos bajos o invertir en lo necesario para cubrir sus requerimientos.
Una importante parte de las enseñanzas económicas islámicas se dedica a la gestión que este sistema divino indica para lograr una dis­tribución equitativa de la riqueza. Algunas de las acciones que los mu­sulmanes deberían aplicar para este propósito han sido descriptas por el santo Corán como “infáq” (Gastos).
Gastos.
El Islam no ha dejado de indicar enfáticamente a las personas de altos ingresos que inviertan lo que tienen en la Causa de Dios y, para el bienestar del pueblo.
Dice el Sagrado Corán:
“No alcanzaréis la piedad Auténtica mientras no gastéis (dando en caridad) algo de lo que amáis.Y Dios conoce bien lo que dais.” (3: 92)
Describiendo las características del creyente, el Corán dice:
“(Lo que Dios tiene es mejor y más duradero para quienes) escuchan a su Señor, hacen la oración, se consultan (en las cuestiones mutuas de interés común), y dan limosna de lo que les hemos concedido.” (42:38)
Estos y muchos otros versículos del Corán exhortan al rico a aban­donar el amor al dinero y gastado en el mejoramiento de la situación del pueblo.
En 2:177 advierte al rico que no será considerado como virtuoso hasta que invierta el dinero en obras de caridad:
“La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro hacia el orien­te o hacia el occidente, sino en creer en Dios y en el Ultimo Día, en los ángeles, en la Escritura y en los profetas, en dar de la hacienda (de su dinero) por mucho amor que se le tenga, a los parientes, huérfanos, necesitados, viandantes (sin recursos), mendigos y para el rescate de los cautivos.”
Habiendo escuchado estas exhortaciones del Corán, algunos de­votos musulmanes preguntaron al santo Profeta (B. P. y D.) que parte de su riqueza debían gastar. En respuesta a ello fue revelado el siguiente versículo:“Te preguntan que deben gastar (en caridad). Di: ‘Lo disponible’.”(2:219)
En 59:9 va un paso más allá y alaba a esos musulmanes piadosos que aunque tengan necesidades dan preferencia a las de sus herma­nos y hermanas (en la fe) antes que a las propias:
“Los ya establecidos en la casa en la fe (los ‘ánsar’ o habitantes creyentes de la ciudad de Medina) desde antes de su llegado (de los emigrados de la Meca) aman a los que han emigrado a ellos, no codi­cian lo que se les ha dado y les prefieren a sí mismos, aún si están en la penuria. Los que se guarden de su propia codicia, esos prosperarán. ”
En términos generales, el Corán quiere que el musulmán use parte de su propiedad y dinero extra obtenidos lícitamente en cubrir las ne­cesidades propias y de su familia de manera moderada y que el resto lo invierta en el camino de Dios y para el bienestar de la sociedad. De otra manera será culpable de extravagancia o cometerá un pecado mayor por acaparamiento y por avaricia, habiendo sido ambas cosas severamente denunciadas por el Islam.
Hay muchos versículos en el Corán que denuncian todo tipo de extravagancia. Citamos ahora como ejemplo uno de ellos:
“El es Quien ha creado jardines, unos con emparrados y otros sin ellos, las palmeras, los cereales de alimento vario, los olivos, los granados, parecidos y diferentes. ¡Comed de su fruto, si lo tienen, pero dad lo debido el día de la cosecha! Y no cometáis excesos, que Dios no ama a los inmoderados.” (6:141)
En este versículo ha sido expresamente apuntado que la produc­ción total de un campo o jardín no significa que vaya a ser para el con­sumo personal de su propietario. También otras personas tienen dere­cho a reclamar parte de dicha producción.
En otro versículo ha sido censurada la prodigalidad:
“Da lo que es de derecho al pariente, así como al pobre y al viajero (sin recursos), pero sin prodigarte demasiado, que los pródigos son hermanos de los demonios, y el demonio es desagradecido para con su Señor.” (17:26-27)
Prohibición de acumular riquezas.
El Sagrado Corán censura severamente a los acumuladores de ri­quezas y dice:
“A quienes atesoran oro y plata y no lo gastan por la Causa de Dios, anúnciales un castigo doloroso el día en que esos metales se pon­gan candentes en el fuego del Infierno y sus frentes, costados y espal­das sean marcados con ellos: ‘¡Esto es lo que atesorabais para voso­tros. Gustad, pues, lo que atesorabais!’.” (9:34-35)
Estos versículos fueron revelados junto con otros que se refieren al Yihád (la lucha o combate por la Causa de Dios) y se referirían a quienes a pesar de sus capacidades financieras evadían la contribu­ción para los gastos de guerra. De esos versículos podemos deducir una regla general que expresa que en tanto una sociedad necesita re­cursos nadie debería pensar en acumular para sí mismo o sus fami­liares.
En la tradición islámica ha sido especialmente denunciado el man­tener acumulado el dinero. Esta denuncia remarca otro aspecto de la lucha del Islam contra el acaparamiento.
Se relata que el Imam Al-Sadiq (P) dijo a uno de sus compañe­ros: “Una persona cuando muere no deja tras suyo nada más pesado y más agobiante que la responsabilidad por lo que acumuló.” Y el compañero le preguntó: “¿Qué debería hacer entonces con lo acumu­lado?” El Imam respondió: “Debería invertirlo en un jardín, una gran­ja o una casa.”
Categoría de gastos.
En el versículo sobre los gastos han sido mencionadas una serie de categorías, las cuales pueden se puestas colectivamente bajo el título de “las necesidades y el necesitado”.
Entre estas categorías encontramos los siguientes encabezamien­tos:
(1) Por la Causa de Dios: “Quienes gastan su riqueza por la Causa de Dios.”(2:262)
(2) Padres y familiares cercanos: “Te preguntan que deben gastar. Di: ‘Lo que gastéis en caridad que sea para los padres y parientes cercanos’.”(2:215)
(3) Los huérfanos, los necesitados y los viajeros sin recursos: “Para los huérfanos, los necesitados y el viajero.”(2:215)
Esta última categoría incluye a todos aquellos que son incapaces de asegurarse los medios de vida porque han perdido al cabeza de fami­lia, no están en condiciones de trabajar, no encuentran trabajo, están lejos de sus casas debido al viaje o emigración y no tienen de que vivir.
(4) Gastos del Yihád: Muchos son los versículos acerca del gasto para el Yihád, los cuales incluyen la provisión de armas y equipo como así también la provisión de los medios de subsistencia para los combatientes y sus familiares.
Sobre la necesidad de tales gastos y su papel vital en la seguridad de la vida humana, dice el Corán:
“Gastad parla Causa de Dios y no os entreguéis a la perdición. Haced el bien. Dios ama a los que hacen el bien.” (2:195)
Un estudio completo de los versículos y tradiciones sobre la cues­tión de los gastos muestra que en el campo económico el Islam requie­re que todos contribuyan dentro de sus límites, a los gastos de las ac­tividades sociales provechosas.
En la sociedad islámica nadie debería ser dejado sin medios de vida. El rico no debería pensar que todo su ingreso le pertenece. De­bería darse cuenta que una parte de sus entradas pertenece o es un derecho de otro musulmán. .
Dice el Corán:
“y reconocían que parte de sus bienes correspondía de derecho al mendigo y al indigente.” (51:19)
Una sociedad donde hay dos clases, una que tiene y otra que no tiene, no es una sociedad islámica.
Ha dicho el santo Profeta (B. P. y D.): “Quien duerme saciado mientras su vecino está con hambre, no es musulmán.”
Todas estas munificencias deberían ser para obtener el agrado de Dios y para servir a la humanidad de manera que, quien invierta en ello pueda alcanzar el progreso espiritual y las relaciones fraternas con los demás sean fortalecidas.
Zakat
En su sentido actual es un fondo para gastos públicos de acuer­do con las normas especiales mencionados en la ley islámica.
Esta parte de gastos asegura el continuo fluir de los recursos de los ricos a los pobres y muy pobres. También cubre las necesidades sociales.
El mínimo de aporte como “zakat”, variable para casos distin­tos, indica a qué se considera ser rico bajo el sistema económico islá­mico.
Cuando aún no había aparecido el papel moneda, los metales preciosos como el oro y la plata fueron usados para las monedas de va­lor elevado, y metales más baratos como el cobre para pequeños valores.
Las personas cuyos ingresos no excedían el manejo de valores pe­queños, no tenían que pagar nada como zakat. Pero aquellas cuyos ingresos eran tantos que poseían 20 monedas de oro (pesando cada una alrededor de 4,61 grs.) o 200 monedas de plata (pesando cada una alre­dedor de 2,42 grs.), y no las usaban durante 11 meses, eran deman­dados para que den una cuarentava parte (2,5 por ciento) de lo acu­mulado para ser consumido por la Causa de Dios y el bienestar del pueblo.
Un granjero que juntó en su campo o quinta por lo menos 864 kilos de trigo, cebada, dátiles o pasas de uvas, tenía que dar 1/10 de lo producido si sus tierras eran regadas por la lluvia, una inundación o el desborde de un río, y 1/20 si las regaba él.
Un criador de ganado que alimentaba sus animales con pasturas, tenía que dar una oveja de cada 40 que poseyese durante más de 11 meses.
Si tenía 30 vacas (incluidos los toros) durante más de 11 meses y no las usaba como bestias de carga o tiro tenía que dar un becerro que hubiera entrado en su segundo año de vida. Si tenía 26 camellos que no los usase como bestias de carga o tiro durante el mismo pe­ríodo, tenía que dar una oveja.
En ciertas tradiciones se ha señalado expresamente que el zakat es pagado para el pobre, para hacer lo más equitativa posible la distri­bución de la riqueza.
RESPONSABILIDADES ECONOMICAS DE LOS GOBERNANTES MUSULMANES.
Una de las partes más interesantes de las enseñanzas económicas islámicas es la que se refiere a las responsabilidades económicas y financieras del gobierno musulmán. Existen instrucciones muy detalladas al respecto, pero en este libro solamente nos ocuparemos de una parte de ellas. En general, las responsabilidades económicas del gobierno se pueden dividir en dos partes:
(1) Responsabilidad de cubrir los requerimientos de los necesitados.
(2) Responsabilidad de dar los lineamientos en los distintos sectores de la producción y la distribución.
El tesoro público.
Bajo el sistema islámico una parte de los ingresos debería ir al tesoro público. El mismo incluye los siguientes ítem:
(1) “Jaray”, es decir, una parte de las ventas obtenidas de las tierras públicas concedidas al sector privado para el cultivo.
(2) “Yiziah”, es decir, impuesto recaudado de los no-musulmanes que viven en un país musulmán (bajo su protección y que compen­sa el que estén exceptuados de la lucha para la defensa del terri­torio).
(3) “Jums”, es decir, el 20 por ciento del botín capturado durante una guerra (en defensa) de las tierras islámicas o de la verdad, la justicia y la libertad. En un sentido amplio el jums es el 20 por ciento del ingreso neto de cada persona después de la deducción de sus gastos familiares, personales y ocupacionales. También es el 20 por ciento de los ingresos derivados de la pesca de perlas, extracción de minerales, etc.
(4) La propiedad de quienes murieron y no dejaron herederos.