LECCIONES SOBRE LAS CIENCIAS CORÁNICAS

La Historia del Corán (V)

Los Grafemas de Vocalización y  la Puntuación

 Por: Husaîn Yavân Ârâsteh

Traducción: Dra. Zohre Rabbani

A) El tipo de escritura usada en el Corán

En este capítulo trataremos sobre el tipo de escritura usada en el Corán. Elegimos este tópico como el primero de este capítulo por su vínculo cercano con el tema de “el estilo de escritura ‘Uzmânî” y la transformación y evolución que tomó lugar en la escritura coránica, lo cual trajo aparejada la aparición de grafemas de vocalización y la disposición de puntos para diferenciar las letras de similar escritura.

(ver la figura en archivo pdf)

Los orientalistas opinan que la escritura árabe se divide en dos: la escritura “kûfî” (cúfica), que se deriva de un tipo de escritura “sariânî” (siríaca), conocida como “istranyîlî”; y la escritura hiÿâzî” o “nasj” (násquica), derivada de la escritura “nabtî”.

La escritura cúfica es una ramificación de la escritura istranyîlî que, luego de la construcción de la ciudad de Kufah, y divulgación y desarrollo de esta escritura en ese lugar, se hizo famosa como “escritura kufî”. Los musulmanes utilizaron esta escritura para escribir el Corán y posteriormente para adornar los nichos de oración y portal de las mezquitas, el rededor de las importantes construcciones y contorno de las escrituras coránicas, así como los títulos de suras en inmensos ejemplares.[1]

Más tarde la escritura nasj o násquica y sus derivados se hicieron populares, y probablemente fue denominadanasj (abrogación) ya que hacia finales del siglo IV o comienzos del V, abrogó a la escritura kufî en el Corán.[2]

B) Colocación de grafemas de vocalización (i‘râb) y puntuación (i‘ÿâm) en el Corán.

En los temas referentes a la recopilación, hemos dicho que el Corán carecía de cualquier marca que evitara la ambigüedad en la lectura. La causa de ello fue la carencia de estas marcas en las dos escrituras siríaca y nabtî de las cuales se desprendían los dos tipos de escritura cúfica y násquica, siendo esto la razón por la que aparecieron diferentes recitaciones entre los musulmanes.

Como ejemplo, el vocablo “tatlû” (تتلو), al carecer de puntos, era posible recitarlo como “iatlû”, “tatlû” y “nablû”. El árabe con su talento innato y respaldándose en su fuerte memoria, en un principio recitaba correctamente las aleyas coránicas –aún carentes de marcas de vocalización y puntuación-; no obstante perdieron la pureza y elocuencia al mezclarse con otras lenguas después de que las continuas victorias ampliaron el dominio del gobierno Islámico, extendiéndolo hasta los dos imperios persa y bizantino, en que un gran número de los no-árabes abrazaron el Islam. El árabe ya no era el árabe puro del desierto para no necesitar de la enseñanza y aprendizaje de la gramática en su habla; ya no podía en forma innata y automática leer, escribir y hablar correctamente. Esta mezcla de diferentes lenguas provocó que los árabes de vez en cuando erraran en su habla y escritura, siendo ésta misma la razón que causó errores en la recitación del Corán que seguía el estilo de escritura “otomana”[3].

Básicamente, ninguna lengua como la árabe, padece dificultad por la alteración de sus vocalizaciones y la falta de observancia de signos y marcas aclaratorias, ya que “los grafemas de vocalización, puntos y marcas aclaratorias” gozan de un efecto importante en comunicar el propósito de los términos y oraciones.

La disposición de los grafemas de vocalización (i‘râb).

La mayoría ha atribuido esta tarea por primera vez a Abûl Aswad Dû’alî.[4] Existe una interesante narración respecto a esta medida:

Zîâd Ibn Sumaîîah fue gobernador de Basora y sus entornos (en el año 50-53 d.H.). Relata ‘Atabî: “Mu’awîîah, califa de la dinastía Umaîîah, escribió una carta a Zîâd pidiendo que ‘Ubaîdul·lah, el hijo de éste, viajase a Shâm. Cuando ‘Ubaîdul·lah lo visitó, Mu’awîîah notó que él no pronunciaba las palabras en forma correcta. Mu’awîîah lo envió de regreso hacia su padre y a través de una carta reprochó a Zîâd su negligencia en cuanto a la educación de su hijo. Zîâd decidió instruirlo; mandó llamar a Abûl Aswad a quien le habló de la decadencia y degradación de la lengua árabe y le solicitó que colocara marcas de vocalización en el Libro de Dios. Abûl Aswad rechazó su pedido, pero Zîâd insistió en su propuesta e incluso ordenó a un hombre que se sentase en el camino por el cual pasaría Abûl Aswad y recitase en voz alta en forma incorrecta la aleya إن الله برئ من المشركين ورسوله– Inal·lâha barî’un minal mushrikîna wa rasûluh, pronunciando en el vocablo Rasûluh la sílaba “luh” por “lih”, hecho que cambiaría totalmente el sentido de la frase (Pronunciar con la vocal “u” implica que “mensajero” se encuentra enlazado sintácticamente  al sujeto del verbo (Dios) y es su copartícipe en la acción que realiza; esto es: “Dios se desentiende de los idólatras y también Su Mensajero (lo hace)”; mientras que pronunciar con “i” implica que se encuentra enlazado sintácticamente al objeto directo del verbo (los idólatras) y que también recae en él la acción del sujeto: “Dios se desentiende de los idólatras y de Su Mensajero”). Abûl Aswad se percató de la gravedad del hecho y exclamó: “¡Alabado sea Dios! Dios es grandísimo como para desentenderse de Su propio Mensajero”. Sin demora fue a visitar a Zîâd y le comunicó la aceptación de su propuesta y le solicitó que enviara a un escriba.

Zîâd envió a algunos escribas hacia él, de entre los cuales escogió a Abdûl Qaîs y le dijo: “Toma el Mus·haf y elige una pluma de color diferente al negro con el que se encuentra escrito. Cuando yo pronuncie una letra con el sonido “a” dispón un punto sobre la letra; cuando pronuncie el sonido “i” disponlo debajo de la letra; y cuando pronuncie con el sonido “u” disponlo en el medio de la letra” (Pareciera que cuando la letra no tuviera vocal debía colocársele dos puntos). Luego comenzó a recitar pausadamente y él colocaba los puntos. Este método tuvo el beneplácito de la gente, por lo cuál ésta lo imitó.[5]

Esta narración y otras parecidas, dilucidan que en un principio la vocalización de las letras comenzó colocándose puntos, e incluso quienes atribuyen esta medida a Îahîa Ibn Îa‘mar, también hablan de la colocación de los puntos.[6]

Abû ‘Amr Dânî afirma: “La colocación de puntos en el Corán (tanqît) fue realizada en dos formas:

1) Naqtul I‘ÿâm, colocación de puntos para las letras similares, tales como la (ح) hâ’” y la (خ) “jâ’”.

2) Naqtul I‘râb o naqtul harakât, que significa poner puntos a las letras para precisar la vocalización, por ejemplo: el punto fathah (sonido “a”) sobre la letra, el punto kasrah (sonido “i”) debajo de la letra y el punto dammah (sonido “u”) delante de la letra.[7]

Colocación de puntos para distinguir la letras similares en el Corán (i‘ÿâm).

El término ‘uÿmah en la lengua árabe significa “mudez” y “vaguedad”, y por ello el árabe llama a‘ÿam a una lengua que no es elocuente. Uno de los significados que brinda la forma verbal que ha tomado el vocablo ‘uÿmah eni‘ÿâm, es “eliminar”; entonces este vocablo significaría “alejar la vaguedad de algo confuso”. Las letras que tienen punto, son llamadas letras mu‘ÿamah, exactamente porque a través de los puntos las letras similares salen de su estado de ambigüedad; en cambio las letras que no llevan puntos son llamadas letras muhmalah.

Como hemos mencionado, Abûl Aswad fue el primero que dispuso marcas de vocalización para las letras del Sagrado Corán, pero aún continuaba otra importante dificultad que era poder distinguir entre las letras mu‘ÿamahde las muhmalah, puesto que el “estilo de escritura” o rasm al-jatt de esos días carecía de marcas a tal efecto. En realidad este factor fue muchas veces más preponderante para el surgimiento de diferentes tipos de pronunciación que la falta de marcas de vocalización.

Aunque algunos niegan la existencia de puntos en la letra árabe antes del Islam, por su derivación de la letra siríaca y nabtî, no obstante existen quienes basándose en documentos afirman que la puntuación de letras similares existía antes de esta época, pero paulatinamente fue dejada de lado.[8]

¿Cómo puede imaginarse que un pueblo que gozaba de civilización y poseía su propia grafía, no hubiera pensado en una solución para diferenciar entre las letras similares?

Los expertos de las Ciencias Coránicas escriben que en la época del califato de ‘Abdûl Malik, Haÿÿâÿ Ibn Îûsuf Zaqafî, que era gobernador de Irak, solicitó a los escritores crear marcas para distinguir entre las letras similares. Îahîâ Ibn Îa‘mar ‘Adawânî (f. en el año 129 d.H.) juez de la región de Jorasán, y Nasr Ibn ‘Âsim Lîzî (f. 89 d.H.), ambos alumnos de Abûl Aswad, completando la obra de su maestro, colocaron puntos para las letras similares. Îahîâ comenzó la obra y Nasr Ibn ‘Âsim le siguió.[9]

Luego de un tiempo, las marcas de vocalización del Sagrado Corán dispuestas por Abûl Aswad, fueron cambiadas por las actuales fathah (para el sonido “a”), kasrah (para el sonido “i”) y dammah (para el sondo “u”) por Jalîl Ibn Ahmad Farâhidî[10] (f. 175 d.H.) quien fue la primera persona que escribió un libro referente a la puntuación.

Para diferenciar entre las marcas que representaban a las vocales de los puntos que distinguían a las letras similares, escribían las primeras con color rojo y los demás con otro color.

Abû ‘Abdul·lah Zanyânî argumenta:

“En Andalucía la gente utilizaba hasta cuatro colores: el negro para escribir las letras, el rojo para las marcas de vocalización, el amarillo para el “hamzah” o grafema que señala la vocalización sin consonante, y el verde para diferenciar a la letra “Âlif wasl” (“A” en medio de las palabras) que era permitido omitir en la pronunciación.[11]

Luego de Abûl Aswad, Îahîâ Ibn Îa‘mar, Nasr Ibn ‘Âsim Lîzî y Jalîl Ibn Ahmad, continuaron con este proceso en la reforma del estilo de la escritura del Corán, sin embargo, la mayoría de la gente que miraba la escritura original del Corán como algo sagrado y bendito, por temor a cualquier innovación, aceptaba estas mejoras con mucha precaución.

Básicamente la colocación de signos al Corán ha atravesado tres etapas:

1) La etapa de la prohibición y oposición a cualquier tipo de colocación de puntos.

2) La etapa de la permisión.

3) La etapa del incentivo de dicha tarea.[12]

Lo interesante es saber que todo los que poseían estas posiciones contradictorias, tenían un solo objetivo: su interés y fuerte amor hacia el Corán, y la importancia que prestaban al resguardo y protección del mismo. Existían algunos que por extremada precaución, incluso hasta principios del siglo V, insistían en recitar el Corán desde los ejemplares originales (carentes de cualquier signo).[13]