Pregunta

Casi 20 años atrás en Tabriz, en un círculo literario, uno de mis amigos hizo algunas observaciones acerca del determinismo, la libertad y en cómo se evalúa la conducta humana. Él dijo que el ser humano regresa a ésta vida muchas veces, entre 80 y 100 veces. Claro está que no regresa en forma de vegetal o animal, como dicen algunos de los que creen en la reencarnación; por el contrario, regresa a esta vida como ser humano, y las circunstancias de cada una de sus vidas están determinadas por su conducta en cada vida previa. Ésta es la única explicación ,era enfático al decir esto, que justifica las penurias y dificultades por las que atraviesan las personas en este mundo.

Adán, por ejemplo, pecó y fue expulsado a la tierra. El murió pero fue devuelto a la tierra para vivir de acuerdo a como vivió su vida anterior. Todas las personas tienen estas vidas consecutivas. En cada vida son diferentes. En una vida, pueden ser estudiosos, en otra personas sin educación; en una vida pueden ser gobernantes , en otra pueden ser ciudadanos del común; en una vida pueden ser hermosos, en otra feos; y así por el estilo. Es sólo después de vivir muchas vidas y de pasar muchas pruebas que ellos obtienen lo que en verdad se merecen. Mi amigo decía que el Corán se basa en esta verdad cuando dice que en el Día del Juicio nadie se opondrá a que sus obras sean juzgadas. Este amigo razonaba que si éste no fuera el caso, sería injusto que uno pudiera ser el Profeta y otro Shimr.[1]

Mi amigo también Mi amigo también dijo que Adán no era literalmente un ser humano como usted o como yo. Él era el ser humano universal, en su existencia se incluían todos los seres humanos, en forma similar a como un racimo de uvas está formado por muchas uvas. Como los seres humanos pecaron conjuntamente, fueron expulsados del paraíso. ¿Si Adán era sólo un humano que había pecado, porqué otros humanos habrían de cargar también con la culpa de su pecado? Para respaldar esta afirmación mi amigo también citó el versículo coránico que declara que la humanidad hizo un pacto con Dios, donde se muestra que todos los seres humanos estaban junto a Adán.

Mi amigo también planteó lo siguiente: Si cada individuo tuviera sólo una vida y luego muriera para siempre, la mayoría de seres humanos no merecerían entrar al paraíso ni ser condenados al infierno. Más bien, ellos tienen una posición intermedia, ya que el número de obras buenas y malas de la mayoría de las personas es igual. Lo anterior contradice la división que hace el Corán entre las personas del paraíso y las personas del infierno. La única explicación que justificaría tal división, sostiene mi amigo, sería la que da la reencarnación [tanasukh]. Luego de experimentar muchas vidas en este mundo, las personas obtienen lo que merecen, ya sea entrar al paraíso o la condena al infierno.

Respuesta

Para responder en forma precisa las preguntas planteadas habría que dar explicaciones muy detalladas. Sin embargo, ahora no me es posible por varias razones. Por lo tanto, abordaré estas preguntas en forma breve y espero que encuentres las debidas respuestas.

La creencia de que el alma regresa a este mundo después de la muerte en otra vida se conoce como reencarnación. Los que defienden esta creencia son en su mayoría adoradores de ídolos. Ellos creen que si un individuo purifica su alma de todas las impurezas mundanas logrará su unión con Dios y por consiguiente la divinidad. Si por el contrario, no logra este sublime fin, hay dos posibilidades.

Si en su vida anterior fue virtuoso, volverá a la vida en otro cuerpo para ser recompensado con los placeres mundanos. Este proceso se repetirá, y cada vez será compensado de acuerdo a como se haya portado en su vida pasada. Esto es si su comportamiento fue virtuoso . Por el contrario, si fue una persona malvada, regresará a la vida para ser castigado por los males cometidos; puede volver a vivir en una forma de existencia inferior, siendo posible que se convierta en un objeto inanimado. Pero, independientemente del estado moral de la persona, la reencarnación continuará indefinidamente. Con base en esta creencia, los defensores de la reencarnación niegan que haya un Día del Juicio y sostienen que el mundo es eterno.

Tu amigo limita el número de reencarnaciones a 100. El cree en el Día del Juicio y en la Resurrección, pero no es partidario de que la humanidad tenga un solo progenitor. Al aceptar la noción islámica de la recompensa o el castigo en la otra vida, él no está de acuerdo con los principales defensores de la reencarnación. Así, para él, la reencarnación consiste en que el ser humano consigue su estado ideal después de pasar por muchas vidas , pero su recompensa sólo le será otorgada en el Día del Juicio. Él defiende esta idea basándose en varios puntos.

Primero, una sola vida no es suficiente para determinar la naturaleza de un individuo. Por lo tanto, cualquier evaluación divina que se base en una sola vida, sería arbitraria. Aceptar esta evaluación arbitraria, equivale a estar de acuerdo con la idea del determinismo (el cual dice que los seres humanos no escogen su tipo de vida sino que es Dios el que decide si uno es el Profeta o es Shimr). Entonces, el fin lógico del determinismo es la injusticia de Dios. De modo que, si no queremos hacer parte de este fin, dice mi amigo, no tenemos otro remedio que abrazar la doctrina de la reencarnación.

Segundo, sabemos por lo dicho en el Corán, que en el Día del Juicio todas las criaturas convendrán que Dios evalúe su conducta. Este convenio se debe innegablemente a un acuerdo sincero, no al temor a la ira de Dios ya que eso sería una injusticia de su parte. Tu amigo dice que la única explicación razonable para este convenio es la doctrina de la reencarnación: los que se evalúen negativamente saben que lo merecen, ya que tuvieron muchas oportunidades, pero las desaprovecharon.

Tercero, una sola vida es poco tiempo para darle igual oportunidad a todas las personas. En el Día del Juicio, el ladrón puede argumentar que él era pobre y se vio forzado a robar. Alguien acusado de fornicación podría con toda razón argumentar que no encontró las circunstancias adecuadas para el matrimonio, y que se vio obligado a fornicar. Entonces, una vida es un escenario muy limitado para dividir a la humanidad en justos: los que van al cielo y malvados: los que van al infierno.

Estas son las ideas principales del argumento de tu amigo. Pero todo lo dicho por él es incorrecto. Primero, limitar el número de reencarnaciones a 80 o 100 es injustificado. No obstante, el Corán -el cual habla de la vida y conducta humanas así como de la escatología en varios versículos- no hace referencia a la reencarnación. Por el contrario, dice que sólo hay una vida en este mundo:

“Tú no tenías vida y Él te dio la vida, luego Te hará morir, luego Te traerá de nuevo a la vida, y luego volverás a Él.”[2]

“Ellos dirán: ‘¡Señor! Dos veces nos hiciste morir, y dos veces nos diste la vida. Admitimos nuestro pecados. . ¿Hay modo de salir [de este apuro]?[3]

Este último versículo cita a los condenados al infierno e inequívocamente señala que la humanidad experimenta dos muertes: una para la vida de este mundo y otra para la vida del mundo intermedio [barzakh].

El primer inconveniente al que aduce este amigo es el problema del determinismo. Pero si el determinismo plantea un problema, muchas vidas no lo solucionan. Supón que una persona reencarne 100 veces, y que en cada reencarnación cometa un pecado – por ejemplo, que asesine. En este caso, el determinista aún sostendría que el castigo que recibirá el pecador por el asesinato es injusto porque lo hizo involuntariamente. Si por el contrario, apoyamos a los defensores del libre albedrío, al cual nos sentimos naturalmente atraídos, reconocemos que cuando un adulto sano comete un crimen, merece un justo castigo.

Es poco razonable afirmar que se necesita cometer 100 veces un delito, por ejemplo, para ser castigado. En este sentido, la atroz decisión de Shimr de asesinar al nieto del Profeta fue voluntaria y por lo tanto el solo carga con la culpa. Dios no te obliga a hacer las cosas.

Otro argumento de tu amigo es que las personas se someterán voluntariamente al juicio de Dios. De aquí, tu amigo deduce que el ser humano vive más de una vida en este mundo, ya que de lo contrario, él no estaría conforme con el juicio de Dios. Esta deducción, sin embargo, tiene algunas errores.

La sumisión de la humanidad al juicio de Dios se debe al convencimiento de que se tuvieron muchas oportunidades en la vida de este mundo para rectificar la conducta, pero no se aprovecharon. La vergüenza de su culpa los hará guardar silencio. (Cabe mencionar aquí, que todo lo que tenemos en esta vida, desde nuestra propia existencia son dones que Dios nos ha otorgado. Estamos en gran deuda con Él, y esto hace que la carga de nuestra culpa en el Día del Juicio sea aún más pesada.

Posteriormente su amigo dice que la distinción que se hace entre justos y pecadores es aleatoria a menos que se viva más de una vida. Otra vez, este argumento no es válido. Una lógica sensata indica que deben tenerse en cuenta tres factores para determinar la culpabilidad o la inocencia de un individuo: la adultez, la cordura y la voluntariedad. Cuando un individuo posee estas tres características y comete una falta, es culpable, sin tener en cuenta otro factor. En esto se basa la ley en todas las sociedades civilizadas, igual que la ley islámica.

Según el Corán, merecemos la recompensa o el castigo por cada uno de nuestros actos. Debido a esto es que el Corán exhorta a los creyentes a arrepentirse aun de un solo pecado; no es necesario ser un pecador habitual para arrepentirse. La ley islámica establece castigos, incluyendo la pena de muerte, aun para individuos que hayan cometido un solo delito. Así es el juicio que hace Dios en este mundo, y no hay razón para asumir que sea diferente en la otra vida.

La explicación anterior muestra que para muchas personas una vida es suficiente para determinar su situación en la otra vida. Pero cuando las buenas y las malas obras de una persona están equilibradas, no prevaleciendo unas sobre otras, las personas a las que Dios les haya confiado la autoridad de interceder, obtendrán la entrada al Cielo. (Desde luego, esta intervención no se adjudica al azar. Se le otorga a las personas de este mundo que tienen fe, pero que han cometido muchos pecados como para que se les permita su entrada al cielo en premio a su conducta.)

Analicemos con más cuidado lo que dice el Corán de este asunto. Con relación al desenlace final, el Corán distingue dos grupos: los que irán al cielo y los condenados al infierno.-“Los desgraciados estarán en el fuego… Los felices estarán en el Paraíso”. El día del Juicio Final, habrán tres grupos: los justos, quienes ya se han ganado su entrada al cielo; los condenados, quienes van al infierno; y los oprimidos [mustad’afin], cuyo final está pendiente. Con respecto a este último grupo, el Corán dice: “[Ellos ] están esperando la decisión de Dios: castigo o misericordia…[4]

El Corán también distingue entre dos grupos de personas afortunadas:

“Y seáis divididos en tres grupos: Los de la derecha -¿qué son los de la derecha?-. Los de la izquierda -¿qué son los de la izquierda?-. Y los más distinguidos, que son los más distinguidos.[5]

Otra tesis de su amigo es la de que Adán es el ser humano universal, no un individuo en particular. El defiende esta tesis con dos argumentos. Primero, la historia de la caída de Adán muestra que todos los seres humanos estaban presentes en ese momento. Si Adán fuera un sólo ser humano y se le culpara por el pecado, sería injusto que otros cargaran con las consecuencias del mismo. Todavía estamos sufriendo las consecuencias, y por lo tanto, todos somos culpables de ese pecado. Se puede concluir que todos estábamos presentes y fuimos cómplices de ese pecado. Segundo, el Corán dice que antes de nuestra existencia en este mundo Dios nos hizo atestiguar que Él era nuestro Señor, para que no dijéramos el Día del Juicio que no sabíamos.[6]Esto nos enseña que los seres humanos fuimos creados antes de este mundo y estábamos presentes cuando se cometió el pecado original.

Su argumentación, sin embargo es engañosa. La historia de Adán la extraemos del Corán, no la tomamos ni de la Torá, ni del Evangelio, ni de ninguna otra fuente mítica.

El Corán claramente describe a Adán como humano y el progenitor de la humanidad:

“¡Hombres! ¡Temed a vuestro Señor, Que os ha creado de una sola persona, de la que ha creado a su cónyuge, y de los que ha diseminado un gran número de hombres y de mujeres! [7]

El versículo anterior declara a Adán y Eva como los progenitores de la humanidad.

El otro aspecto de esta tesis es correcto hasta cierto punto. Es decir, todos los seres humanos son capaces de lograr el estatus de vicegerencia Divina y por lo tanto Adán fue, por así decirlo, el representante de la humanidad: poseemos los mismos atributos que dieron a Adán su condición característica. Esto no quiere decir sin embargo, que los humanos estuviéramos presentes en la caída de Adán.

Pero en relación con el pecado de Adán, la creencia popular es incorrecta. El Corán aclara que antes de que Adán y Eva descendieran a la tierra, la religión no había sido declarada todavía: “ Dijimos: «¡Descended juntos! Si recibís de Mí una dirección”[8]Por lo tanto, es incorrecto hablar de pecado, ya que el pecado es una transgresión de la ley religiosa. En este sentido, la prohibición de comer del árbol prohibido no era una obligación sino una advertencia que Dios le hizo a Adán por el amor que le tenía.

Este amigo dice que todos los seres humanos estaban junto a Adán y fueron sus cómplices en el pecado original. La razón que da es la de que todos cargamos con el castigo: expulsión del paraíso y destierro a la tierra; Dios no cometería la injusticia de castigar al inocente. Pero esta argumentación, es de nuevo falsa.

Lo cierto es que Dios desde un principio quería que la humanidad viviera y proliferara en la tierra. Cuando Dios planeó crear a Adán, dijo a los ángeles: … Ciertamente, voy a poner un sucesor en la tierra.[9]

Los ángeles también sabían que el hombre estaba destinado a vivir en la tierra. El siguiente versículo lo evidencia claramente: “…¿Vas a poner en la tierra a quien corrompa en ella y derrame sangre..?[10]

El mismo Satán sabía que la presencia de Adán y Eva en el paraíso no sería permanente y que tendrían que partir para reproducirse:

“Dijo [Satán]: ¿Ves a este que has honrado más que a mí? Si me remites hasta el día de la Resurrección, dominaré a todos sus descendientes, salvo a unos pocos.”[11]

Así, la estratagema ideada por Satán para engañarlos se relacionaba con su capacidad de procrear:

“Pero el Demonio les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez,…”[12]

De aquí que, la presencia del ser humano en el paraíso era una preparación para su venida a la tierra, por orden de la religión y para que conociera la disciplina religiosa. El grado de perfección que el ser humano puede lograr en la tierra con ayuda de la religión divina es mayor a la que tenía en el paraíso antes de su venida a la tierra. Aunque la vida en la tierra está llena de adversidades el Corán dice: No dejen que Satán los expulse a ambos [Adán y Eva] del paraíso, si no, serás desgraciado”[13]

El Corán también dice:

Hemos creado al hombre en aflicción.[14]

Pero la vida en la tierra es el preludio a la vida eterna en el más allá. La vida de este mundo es una prueba: “Os probamos tentándoos con el mal y con el bien…”[15]

Al ser sometido a esta prueba, la perfección alcanzada por el ser humano es tan alta, que no la podría lograr sin ella.