Los árabes mercantes solían visitar las ciudades costeras de La India, Ceilán, Indonesia y China. Desde tiempos remotos navegaban en sus barcos de madera sin alejarse de la costa. Existe una tradición que cita las palabras que un compañero le dijo al Profeta: “He visitado un lugar donde las noches duran cuatro meses”. Tal vez se trataba del norte de la jungla siberiana. En el gobierno de Harun Rashid (789-809 A.D.) los comerciantes marinos de Basra viajaban continuamente hasta China, de la cual traían perlas, seda, porcelana, perfume, espadas e incienso, los cuales eran enviados a Yemen y Alejandría. Calicut era un famoso puerto del sur de La India. Su Rajá hindú, Zamorín, permitió a los comerciantes musulmanes construir una mezquita. Así, junto con los valiosos cargamentos de sus barcos, la luz de la Fe Islámica, también llegó a Indonesia, Malasia y China. El gran número de musulmanes que existen hoy en día en estos países, son resultado de los esfuerzos de estos comerciantes.

Pero en Europa, el Islam no llegó por los mercaderes. Fue llevado por comandantes valientes como Tariq y Musa ibn Nusair, quienes fundaron un estado islámico en el sur de España en julio de 711 al derrotar a su gobernador gótico Rodrigo. Este estado luego se convirtió en un reino floreciente que avivó la llama del aprendizaje y la ciencia en España, llama que desde allí se extendió a toda Europa. A finales del siglo octavo, los embajadores de Harun al-Rashid y el rey Carlomagno de Francia intercambiaron visitas.

En 1907 d.C. las huestes de los Cruzados europeos invadieron Palestina. Los estados chiitas limítrofes: Líbano, Alepo y Siria resistieron estos embates con valentía, pero eran demasiado pequeños para hacer frente a la avalancha de esas huestes y finalmente fueron derrotados. Los Fatimíes de Egipto, y los Abásidas de Bagdad no enviaron ayuda. Después de cien años, el rey Saladino, El Caballero Musulmán, se enfrentó por su cuenta a los cruzados en 1197. Sus acciones de valentía y generosidad han sido desde entonces tema de historiadores y poetas cristianos. Ambos bandos sufrieron grandes pérdidas de vidas humanas. Pero estos enfrentamientos, que se extendieron por cuatro años, sirvieron para que las numerosas y brutales[1] masas de soldados de Inglaterra, Alemania y Francia, se familiarizaran con los principios de la Fe Islámica, los cuales fueron llevados por ellos a sus países.

Propagación del Islam en Europa y América del Norte

Constantinopla, la ciudad fortificada del ala este del Imperio Romano, era una fortaleza invulnerable debido a su estratégica posición en el Estrecho del Bósforo. Los turcos, comandados por el rey otomano Muhammad II, dirigieron sus barcos a un sitio ubicado a ocho millas de Constantinopla. Desembarcaron secretamente en la noche, y mediante una increíble labor manual arrastraron sus barcos en tierra toda esa distancia, echándolos al mar nuevamente en el estrecho, evadiendo de esta manera los cuantiosos obstáculos de hierro que estaban en el mar. Esta increíble estrategia los ayudó a franquear las murallas repentinamente y conquistar la ciudad en 1453 A.D. Sus descendientes pronto someterían a Albania, Checoslovaquia, Bulgaria y otros países, llevando con ellos la antorcha de la Fe, la cual todavía alumbra allí, aunque débilmente.

Los musulmanes Indios comenzaron a dirigirse a Inglaterra a finales del siglo XIX. En 1899, la Dama de Bophal construyó la primera mezquita en Woking, cuyos domos y jardines hacían recordar a los del Tay Mahal. Hoy en día existen 200 mezquitas en Gran Bretaña; 35 de ellas construidas con ese propósito, muestran características islámicas en sus domos y en sus arcos. El resto han sido casas e iglesias compradas, las cuales se han convertido en casas de oración. Entre las instituciones que publican literatura y revistas islámicas con espíritu misionero se encuentran el Instituto Musulmán, el Muhammadi Trust, el Zahra Trust, la Fundación Islámica, Las Escuelas Musulmanas Trust, todas en Londres. En Holanda, Bélgica, Francia y Alemania, hay pocos musulmanes y su actividad religiosa no es mucha.

En los Estados Unidos los musulmanes comenzaron a obtener un mayor grado de educación en los años cincuenta. Muchos de ellos son de Paquistán y su número se ha decuplicado en los últimos diez años. El número de musulmanes provenientes de La India, Indonesia, Paquistán, Palestina y otros lugares puede estimarse aproximadamente en un millón. En ciudades como Nueva York, Chicago, Washington, Detroit, San Antonio, San Francisco y Houston, existen en cada una de tres a diez centros islámicos que se ocupan de dar educación religiosa y de la oración de la congregación. En Canadá, la mayoría de musulmanes se encuentran en Toronto, Vancouver y Montreal; todos con las mismas características. La mayoría de estas personas, atraídas por la riqueza, piensan establecerse allí para siempre.

Los afroamericanos de Norteamérica son descendientes de los musulmanes africanos capturados en las costas de las villas de sus tribus, amenazados con el arma de fuego fueron traídos a los Estados Unidos como esclavos en el siglo XVIII.

Una vez aquí, fueron forzados a trabajar como animales en las extensas fincas de los colonos blancos de Europa. En 1864, la Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln los declaró libres. Sin embargo, durante los cien años siguientes no pudieron ejercer a totalmente su derecho a la igualdad. El recuerdo de todos estos hechos amarga sus sentimientos. Impresionados por la justicia de los principios islámicos, ellos están regresando a la Fe Islámica. La totalidad de musulmanes afroamericanos asciende a casi medio millón. Los norteamericanos blancos que han abrazado el Islam son unos pocos miles.

Se destacan dos grupos importantes de musulmanes afroamericanos: Los Musulmanes liderados por Imam Warith Deen Mohammed y La Nación del Islam, cuyos adeptos siguen al ministro Louis Farrakhan. También existen grupos como Ansar-ul-lah. Estos son musulmanes ortodoxos, y su honestidad puede fácilmente volverse conocimiento iluminado si se distribuye entre ellos una sólida y útil literatura islámica. Esto se hace más efectivamente entre los prisioneros de las cárceles, quienes tienen más tiempo a su disposición.

Condición religiosa y social de los musulmanes de Occidente

Los musulmanes del Medio Oriente, que habitan en los Estados Unidos no tienen ningún interés en propagar la religión. Muchos de ellos han venido aquí con el ánimo de enriquecerse. Inmersos en el suntuoso estilo de vida de este país, 50% de ellos no hace sus oraciones ni sus ayunos.

Un 4% de las personas de estos países se entregan a la bebida y abandonan la castidad oriental en este ambiente lujurioso. Usan su vestimenta nativa sólo en casa, pero cuando van a la oficina normalmente utilizan faldas, saco y pantalón. Las mujeres, las verdaderas protectoras de la religión y la tradición, son más ortodoxas que los hombres. Pero hay dos obligaciones que han descuidado: el velo, el cual les parece ridículo en el ambiente occidental, y amamantar a los bebés, lo cual consideran un método anticuado que daña la belleza de los senos.

Un 60% de las mujeres musulmanas trabaja, de esta manera se obtiene un ingreso adicional que permite mantener el lujoso estilo de vida de la familia. Para satisfacer la vanidad, en muchas casas hay tres carros, cuatro televisores, muebles y alfombras costosos. El tocador está esmeradamente repleto de polvos, labiales, esmaltes, perfumes, etc. Debido al gran apego por el lujo, un 90% de estos inmigrantes nunca piensa en regresar a su país de origen. Sólo el 10% planea ahorrar algo de dinero llevando una vida frugal y regresar a su país con los ahorros de unos cuantos años de duro trabajo.

Rodeada por los lujos de una casa moderna, la comunidad musulmana tiene poco tiempo para ocuparse de la instrucción religiosa o cultural de los niños. Así se genera el declive moral y religioso de los jóvenes que crecen en el ambiente sacrílego de las escuelas de Occidente, y que ven con naturalidad la desvergonzada manera de pensar y los vergonzosos actos de sus compañeros de escuela. Los padres no tienen tiempo para enseñar a sus hijos las reglas de la oración, el ayuno, la caridad y la castidad. Algunas instituciones islámicas se encargan de enseñar los sábados y los domingos ideología islámica, árabe elemental, y organizan oraciones congregacionales. Pero esta enseñanza de corto plazo no puede contrarrestar el veneno de esa maldad anti-religiosa gratuita que prevalece en las escuelas y en la sociedad todo el tiempo, y que se aferra fuertemente en el corazón de los niños. Los videos y la televisión ayudan a deteriorar la personalidad, ya que la exhibición de desnudos y los vergonzosos diálogos allanan el camino de deseos lujuriosos.

Hoy en día, en toda casa musulmana se jactan de tener muchos videos casetes y cantidades de discos compactos para el entretenimiento de toda la familia, cuyos miembros pueden sentarse en mullidos sofás. Los padres piensan que es un derecho distenderse un poco luego de una jornada de trabajo. A menudo no se hacen las oraciones diarias. ¡Demos gracias a la cultura occidental que nos ha librado de estos tediosos métodos de adoración! Con este panorama se podría augurar que las nuevas generaciones serán totalmente ignorantes de la religión del sagrado Profeta. Aun con nombres musulmanes, ellos estarán totalmente separados de su cultura y su credo.

Las instituciones religiosas están publicando revistas y libros voluminosos. Pero debido a la falta de ideas y entendimiento y con la falta de coordinación sus esfuerzos son desorganizados y por lo tanto pierden efectividad. Si estos directores unieran sus recursos y trabajaran cooperativa y visionariamente sus esfuerzos serían más fructíferos. Al hacer entrega de resúmenes de literatura religiosa básica en inglés, pueden llevar a cabo su misión con mucho éxito. El lector moderno, con su ocupada y frenética vida, no puede dedicarle tiempo a leer libros voluminosos.

Ante este estado de cosas, sólo podemos orar a Dios Todo Poderoso:

(Señor Sustentador, no dejes que nuestros corazones se vuelvan deshonestos luego de habernos guiado correctamente. Otórganos Tú Misericordia. Tú eres Aquel que nos concede todo.)